martes, 30 de diciembre de 2008

Everything changes

Febrero tuvo 29 días y a cual de ellos más loco. Logré un ascenso que ni me merecía ni me apetecía, quebraderos de cabeza y más dosis de auto-ocupación. Pusieron en marcha el acelerador de partículas más grande del mundo. Angie participó en Cosmopoética y yo me lo perdí. La Casa Blanca dejó de ser tan blanca. Adiós a Paul Newman. Surgió el Blu-Ray, conocimos el I-phone y descubrieron agua helada en Marte. Alguien hizo un ridículo espantoso en Eurovisión y, sin embargo, triunfó en la Eurocopa, la Copa Davis y Wimbledon. Algunos amigos –que no todos –viajamos a París y cumplí varios sueños. Nació este blog. Jose se enamoró y fue correspondido. Cambié de colonia y de apartamento una vez, de opinión más de tres y de calzoncillos algunas más. Paco y Clara se independizaron. Clara siguió con su beca y Paco encontró trabajo, se le acabó el contrato y ahora trabaja días sueltos en fiesta para fastidio personal, y que no falte.  Alguien tuvo una idea de descontar 400 € en la declaración de la renta. Bardem ganó el Oscar y Woody Allen grabó en España. Roberto Saviano se condenó escribiendo un libro de condena a la mafia. Barajas lloró en Agosto. Jesús encontró editorial para su Primer Libro.  Yo me encaramé a mi mesa y me salió creíble el papel del tío que lo tiene todo controlado… aún no entiendo cómo. Oí en directo Salitre y me sentí Turnedo en el Eutopía. Al más Loco me lo perdí. Liberaron a Betancourt. Dos niños se hicieron grandes de repente en una noche de verano lejos de su casa. Manoli encontró lo que no andaba buscando, también a muchos kilómetros de distancia de su casa. Fallé a un par de amigos el día de Navidad (mentí: fueron más de dos. Mentí de nuevo: no sólo fue el día de Navidad). Lola hizo un corto con un relato mío. Cordura, la película, vio la luz. Conocí a Francesca que me descubrió el Rum-e-pera que me descubrió la peor resaca del mundo. Conocí a más gente, me reencontré con viejos conocidos e intenté ampliar el concepto de amistad con mis amigos más próximos. No dejé que me importara ni la nariz de Letizia, ni la niña de Rajoy, ni los novios de la Duquesa. Me inicié en nuevas disciplinas, paseé mil veces por mi ciudad con los ojos cerrados, y algunas menos con los pies en el suelo. Hice dos mil fotografías, solté un millón de sonrisas y alguna que otra lágrima. Dormí caliente y a veces después de hacer el amor. Tuve vértigos e inspiraciones. Problemas, crisis y nostalgia. Me hice más preguntas de las que puedo contestarme. Me respondí de mala manera, me acosté sin ganas, dormí poco pero de un tirón y soñé mucho. Le di vueltas a la cabeza sobre si todo merece la pena. Tuve una oferta de trabajo no del todo interesante para el sitio más interesante del mundo para mí. Rechacé la oferta, me di una prórroga a mí mismo, porque sé que llegará. Seguí enganchado a la Coca-cola, el Neobrufén y las esquelas. Cogí nuevas manías, olvidé algunas estúpidas que tenía y me inventé más mentiras de lo habitual. Llovió bastante y me pilló normalmente sin paraguas. Viajé muchos kilómetros, normalmente en círculo, ¿dónde iremos a parar? Fui consciente de que Paula crece y de que Javi madura, mientras que Rafa y Lola permanecen (casi) igual (Rafa es cada año algo más calvo y Lola se cambia de peinado cada temporada). Di cientos de besos, algunos con cariño, otros por compromiso, unos de cortesía, otros de amor, otros lascivos, obscenos. Pasó el año y tuvieron que pasar miles y miles de cosas para que todo permanezca igual, casi inalterable, inmutable… y poder encontrarte aquí, a mi lado, siempre.

El 2008 ha dado para mucho. Saludos a todos con los que he compartido algo en este año que se va y más aún para aquellos con los que no voy a poder despedirlo.

Dicen que el año que entra será un año malo. Yo sólo espero que me siga dando oportunidades, que me abra puertas, que me haga mejor hombre y que me deje cumplir proyectos y sueños que aún mantengo. Os deseo lo mismo a todos.

A.B... despidiendo un 2008 movido.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Lo mejor

Miles de LEDs adornan la avenida. Vencen la noche o, quizás, la hacen más bella. Los comercios cuelgan su disfraz invernal de ofertas y promociones y en la esquina un gordo barbudo vestido de rojo aporta su tilín-tilín infernal a la banda sonora de las aceras. Guirnaldas de luz de una farola a otra, taxis ocupados para siempre y pasos de cebra con personas con manos con bolsas con espíritus navideños venidos a menos.

El frío se ha instalado en las esquinas. Tal vez un humo que no es humo salga de mi boca ahora que intento desearos lo mejor para estas fiestas y el año que viene ya se verá.

A.B... en la ciudad.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Una visita importante a la ciudad

Hace muchos años, en 1966... la ciudad era una ciudad distinta. Ajenas a la fama de los dos personajes, las calles y las gentes se dejaban grabar por una cámara para la posteridad. Os dejo las imágenes para el que no las haya visto ya.

Saludos.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Azotea de horas bajas.

A quién corresponda:

Es complicado, yo también lo sé. Experiencia propia. Ese escozor en el ventrículo, ese vacío en los deseos, ese aumento del gasto de neumáticos. Ni tu Ford Mondeo, ni su capacidad para generar excusas, ni vuestra economía os lo van a agradecer... pero, a veces, nadie te da a elegir.

La vida te lleva por caminos raros. Lo que un amigo te contaba en el Santa Ana hace unos años,  lo revives tú ahora. Te digo que es complicado, que sí, yo también lo sé. Pero siempre merece la pena.

A veces las azoteas como ésta sirven para despejarse. Sube, cuelga los bajones del revés, el relente de la noche les suele venir bien. Y tráete un par de cubatas de esos para compartir. Desde aquí también se disfruta de la ciudad, el Silencio. la noche. Bienvenido a mi azotea de horas Bajas.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Lugares comunes: los balcones.


Le sabían a regaliz los cigarrillos a Julio. Tenía la insana costumbre de fumarlos con el balcón abierto, con la mirada puesta en la plaza, tal vez en los muchachos que corrían detrás de un balón, o mirando las palomas que andurreaban alrededor de algún banco, o quizás vigilando el kiosko de Pedro, donde su hija Pilar le compraba el paquete de tabaco semanal junto a la prensa diaria. Le sabían a regaliz. Los cigarrillos. A Julio.

Con ochenta años que tengo, ya no será el tabaco lo que me mate.

Y lo encendía con parsimonia, y a veces llegaba Mario y le soplaba el encendedor. Entonces le miraba y lo encontraba sonriendo con picardía, como si tuviera ocho años. Nuevo intento, mismo resultado. Se le escondían los ojos al sonreir y le aparecían hoyuelos en las mejillas. El vivo retrato de su abuela, a la que emulaba en su infructuoso empeño de no dejarlo fumar. “Cabroncete”, pensaba Julio. Y le tocaba el pelo a Mario.

A Mario le gustaba ver a su abuelo fumar. Llegaba del colegio, salía al balcón y dejaba la mirada fija en el metro cuadrado que rodeaba a su abuelo, las ondas de humo, jirones de niebla con olor a nicotina. Entonces pensaba en si el humo tenía mal sabor.

El humo  tiene mal sabor, ¿verdad, abuelo?

A Julio le daba la tos mientras asentía con la cabeza.

Y si sabe mal, ¿Por qué fumas?

Vete a la cocina, Mario, te llama tu madre, ¿no la oyes?

Y no, Mario no oía a su madre, pero corría a la cocina.

Julio se quedaba pensando “diantre de niño” y miraba el reloj de pared del salón que marcaba las catorce-veinte. Entonces volvía a mirar a la calle, se apoyaba en la baranda del balcón con movimientos lentos y se le dibujaba una sonrisa. Ella estaba a punto de aparecer. Se le aceleraban las palpitaciones cuando torcía la esquina y, con su destreza habitual, subía la moto a la acera por el paso de peatones y la dirigía hasta el lateral del kiosko, donde todos los días a esa hora la dejaba aparcada. Le encantaba ese momento del día: observar como se bajaba de la moto, quitándose el casco y dejando al aire su melena pelirroja y ondulada. Luego guardaba el casco bajo el asiento, ponía el antirrobo y salía del campo de visión que el balcón le otorgaba a Julio. Al instante, sonaba el teléfono.

Julio, ¿la has visto?

Pues claro, Rodrigo

¡Qué maravilla! ¡Qué portento! Y hoy mejor que ayer, ¿eh?

Desde luego, Rodrigo, mejor que ayer

Y Rodrigo era su vecino de toda la vida, el del piso de arriba. Y oía su risa nerviosa  por encima de su cabeza después de colgar el teléfono móvil.

Después llegaba Mario con una servilleta de papel. ¿Podemos lanzar revolandetas? Y montones de papelitos con las alas abiertas caían girando y describiendo curiosas piruetas sobre la acera, los coches y algún transehúnte hasta que los platos estaban servidos. Julio apagaba su cigarrillo con falso sabor a regaliz, Mario tiraba “la última, por favor” a través de las rejas del balcón y, aún con las sonrisas puestas, entraban al comedor y se sentaban a la mesa.


Foto: Juan García Gálvez

jueves, 11 de diciembre de 2008

De embudos y disciplinas

Lo reconozco: afortunadamente, me cuesta conciliar el sueño últimamente. Y es que se me agolpan las ideas en la cabeza. Es buena época para crear. Es una de las razones por las que recientemente cuelgo poco por aquí: Intento diversificarme, probar nuevas disciplinas y, de paso, amueblar paredes del salón de mis padres.

Perdonen, es solo el cuello del embudo. Cuando se abra será la leche.

Saludos a los que empiezan a ser ciudadanos asiduos, viandantes habituales y vecinos de comentarios.

A.B.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Lugares comunes: Pasos de cebra.



Cierra los ojos y respira hondo. Se le llenan de marrones, grises y ciudad los pulmones. La pituitaria se le excita al olor de las castañas asadas del puesto de la avenida y el frío, polar, afilado, le hace escarcha en los ojos. Mientras espera la señal precisa, sube la cremallera de su cazadora, se cala la gorrilla y se siente comulgar con sus compañeros de la línea de salida.
El otoño ha esparcido de lucecitas los árboles y las noches, y se difuminan al final de la avenida entre tanto coche, autobuses, humo y ciclistas invisibles bajo sus bufandas infinitas. 
Al otro lado, en la otra acera, solo se ven cuellos alzados de abrigos, guantes y paraguas a punto de abrirse. Alguna sonrisa. Muchas bolsas. Unas botas katiuskas con gabardina. Dos perros con abrigo y un bisón con collar de perlas. Gente mirando el reloj. Un niño con mochila y gorro. Dos abuelos con sombrero y tantas arrugas como años.
Al fin la señal, el disparo de salida, semáforo-verde-peatón, y todos se lanzan a por él, entregándose a su encarcelamiento en blanco y negro, como personajes de Bergman. Entre todos ellos, él recorre lentamente el código de barras urbano, buscando miradas, sintiendo el tráfico humano, esquivando bolsas, codos y un carrito de bebé sin bebé. La señal verde empieza a parpadear, aprieta el paso y, de repente, encuentra la acera bajo sus pies. Entonces mira hacia atrás, sonríe, cierra de nuevo los ojos y vuelve a respirar hondo. Siente algo recorrerle las piernas, los dedos, las mejillas y las llamadas perdidas del móvil.
Debe ser el Otoño, piensa, o quizás la emoción de los pasos de cebra.

A.B.... casi terminando las vacaciones.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Aviso a navegantes

Para el que no lo sepa, este fin de semana tenemos algo que celebrar. Estaré por Córdoba y procuraré hacerme el encontradizo. Nos veremos el sábado: cena, cervezas, música y copas, ¿os parece?
Ahora sigue las instrucciones:
-Si has llegado aquí por el link que te he enviado al correo y no sueles pasarte por aquí, ya va siendo hora de que dejes un comentario y empieces a participar... (amigos para esto!)
-Si has llegado aquí por el link, pero te pasas normalmente a mantener el escaso contacto cibernético que el blog nos procura, saludos, Angie (nos vemos).
-Si has llegado aquí porque eres un ciudadano habitual,  un consejo: quedaría genial que el viernes dejaras un comentario con tu felicitación (es mi cumpleaños).
-Si has llegado aquí por casualidad, tienes todo el derecho del mundo a cerrar la ventana porque este post  no va destinado a paseantes en general. También tienes todo el derecho del mundo a leer otras entradas y decidir si te quedas un rato más por aquí.
-Si no estás en ninguna de las circunstancias anteriores, haz lo que te dé la gana.

Y que nadie pregunte cuántos.

Ea.

A.B.... cuatro días.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La ciudad duele

Vivir lejos supone siempre tener la maleta preparada y la necesidad de volver; implica una sobredosis diaria de nostalgia, un recuerdo permanente en la retina y un estado mental dividido entre lo que estás haciendo y lo que estarías haciendo de no estar lejos.

Hay algo que llama al regreso y, normalmente, es ella. La ciudad y yo mantenemos una necesidad recíproca. Yo la necesito a ella tanto o más de lo que ella me necesita a mí,  como partes integrantes del otro. La ciudad se siente deshabitada cuando uno solo de sus habitantes se encuentra lejos, pasa lista, uno por uno, pone falta, no te olvida. Es algo que se clava y que, a veces, te obliga a reprimir alguna lágrima a golpes de llamadas telefónicas, palabras escritas, grandes esperanzas.

Al igual que la ciudad, el habitante también tiende a sentirse deshabitado, porque el asfalto, las calles, las esquinas que piensa son otras distintas a las que sus zapatos doblan. Cada paso que da tiene la certeza de que le acerca a ella; porque cada pensamiento, cada minuto cuenta... la necesidad de volver, el orgullo de pertenecer y permanecer pese a no estar, la capacidad de cerrar los ojos y estar allí, el lujo de los pequeños instantes, los días fugaces... 

La ciudad duele. 
Porque abro la puerta de la calle y no la encuentro. Subo las persianas, me asomo a los balcones, salgo a las azoteas, y ni el cielo ni las aceras me sesean.

Son días. Luego, se pasa.

viernes, 14 de noviembre de 2008

PERFECTOS DESCONOCIDOS (Ya puedes verlo)

Como ya os conté anteriormente, una gran y antigua amiga, Lola Rey, con la colaboración de Andalocio, adaptó un pequeño post que colgué aquí para convertirlo en un cortometraje. Una pequeña joyita que ahora vais a tener oportunidad de disfrutar.

Cabe destacar a los dos actores que dan vida a los personajes de la historia, en mi post llamada "Las colas". Felicidades, por tanto, a Lúa Santos y José Emilio Vera.

Cuando veais el corto no os creeréis que es sólo el segundo que esta joven cordobesa lleva a cabo. Ojalá le sirva el apoyo que desde aquí le mando para animarse con el siguiente (puedes aprovecharte de mí todo lo que quieras, de momento te da buen resultado).

Siento no poder colgarlo para visualizarlo directamente aquí, pero me ha dado problemas todo este tiempo, por eso no he puesto el post antes. Ahora visionadlo, disfrutadlo y, por apoyo a su directora, comentadlo más abajo.


Enhorabuena, Lolilla.

martes, 11 de noviembre de 2008

Lugares comunes: las calles (II)

Aquella mañana la niebla había devorado la ciudad. Sin embargo, la calzada ofrecía líneas contínuas para no perderse y el wolkswagen golf del 2003 se conocía el camino.  De vez en cuando un semáforo en rojo le ofrecía unos segundos para tomar aire, podrido y denso, gris, y retomaba la marcha entre ruido de motores, algún claxon y viandantes con el paso pesado de aquel que acaba de despertarse. Miraba los edificios en los que algunas ventanas levantaban sus persianas con la intención de eliminar las legañas mañaneras, regar las macetas y observar con cierto detenimiento el cielo, hoy inexistente, repleto de una lluvia que aún era sólo una posibilidad. Las luces encendidas dentro de los bloques de viviendas le hacían adivinar las rutinas interiores de desayuno con tostadas, de duchas de agua caliente o, tal vez, de siempre llegar tarde.

El tráfico era siempre el mismo en el Vial Norte. A veces coincidía en el carril de al lado con un rostro conocido por haber compartido atasco anteriormente; entonces el saludo era casi indetectable, una mueca apenas, en ocasiones de fastidio, otras de resignación.

Después aparcamiento cerca de la Diputación Provincial y paseo por el parque de camino a la responsabilidad del empleo estable, indefinido, oficina, ordenador. Las palomas duermen en los árboles, los vagabundos en los bancos. Los barrenderos coleccionan hojas aderezadas con tierra y en la fuente siempre flota un tapón de coca-cola. Colón siempre estuvo ahí, tanto para los que están de paso como para los que se quedan.

Él lo atravesaba de punta a punta, prometiéndose volver una tarde con más tiempo. Cruzaba un semáforo que siempre estaba rojo-peatón, compraba el periódico en el kiosko de la esquina y, acto seguido, se adentraba en Tejares con el paso firme pero sin la voluntad necesaria.

Poco después su destino se transformaba en un edificio sin color. Ocho y media de la mañana.


A.B.... paseando con los ojos cerrados.

Foto: José Mariscal (Panoramio, Google Earth)

domingo, 9 de noviembre de 2008

"Cordura", la película.

Ya tenemos el "superdefinitive trailer" de la película de la que todos hablarán... o no.

Su estreno: día 12 de Noviembre en la filmoteca de Córdoba a las 21.00.
(El día 21 de Noviembre -día de mi cumpleaños, por cierto,- en la sala Metrópolis nuevo pase, con ambientación, fiesta y copas).



Después de leer aquí las palabras del director, no hay nada más que decir. Solo desearles mucha suerte.

Si no les vemos en los Goya, seguro que los veremos en los bares.

martes, 4 de noviembre de 2008

Sin (más) palabras

Aquella noche había tenido un sueño extraño. En él, una chica con divertidos zapatos le ofrecía un cuenco con leche de vaca naranja y azul añil. Él aceptaba, se bebía todo el contenido y en pocos segundos terminaba convertido en un barrendero con traje naranja reflectante. Acto seguido, le recitaba a la chica de zapatos divertidos un poema con los versos más tristes de aquella noche. Ella dibujaba una rayuela con tiza en el suelo y ambos jugaban. Al saltar sobre el número 8, el suelo delimitado por la casilla se abría bajo los pies de él y caía al vacío de forma inevitable. Oscuridad. Vacío.

                Al despertar se juró no volver a beber. Miró al despertador. 10:07.

                Se incorporó al oír algo. Desde el espejo del cuarto del baño ella le observaba mientras se subía la falda y abotonaba los últimos botones de su blusa. Entró al dormitorio a trompicones mientras trataba con esfuerzo de calzarse los zapatos. Se apoyó en el escritorio para conseguir su objetivo. Se miraban como el que mira la contraportada de un libro del que le ha gustado el título. Ella encontró en su bolso un paquete de cigarrillos del que extrajo uno y lo encendió con tranquilidad.

-          Buenos días. –Ella, aquella desconocida.

-          Hola. –Él dibujaba una sonrisa de boca seca. -¿Te vas?

-          Sí. Somos mayorcitos, no creo que haga falta nada más, ¿no?

-          ¿Quieres que me vista y te llevo a algún lado?

Retumbó todo en su cabeza cuando ella cerró la puerta.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Fin de semana ultrasónico

Carretera y lluvia, viernes. Mi parabrisas pelea durante cuatro horas contra el incesante ataque acuático. Cuando llego, Córdoba siempre me hace sonreír, aunque mi madre tenga la pierna escayolada, hayan rapado al perro y no me haya dado tiempo a ir al recital de Ángela.

Sábado gris, algo triste. El día pasa como un viento frío, recorriendo las esquinas, escapándose de mis dedos casi casi sin querer. Mañana y tarde familiar. La noche la paso entre los amigos que pueden. Unos están fuera. Otros indispuestos. Disfruto del sábado todo lo que puedo.

La vuelta siempre es pronto, pero hoy antes de lo normal. Eso hace que el fin de semana sea un abrir y cerrar de ojos, apenas un parpadeo. Llego al piso cansado, con la sensación de que me he perdido algo, de que he cerrado los ojos un segundo y han pasado dos días. Al encender el ordenador Lola me cuenta que el recital de Ángela fue un éxito, así que desde aquí tengo que felicitarla. Desde aquí, porque apenas nos vemos, muy a nuestro pesar: 101 felicitaciones de corazón (ya sabes lo mucho que me habría gustado estar allí).

Como digo estoy cansado. Ello incide en mis ganas de seguir escribiendo. Por ello aplazo para próximas actualizaciones los siguientes temas:

- "Perfectos desconocidos"
- Estreno de "Cordura" (la peli).

Muchos muchos muchos besos para los de allí y muchos muchos muchos saludos para los de aquí.

A.B.... finde ultrasónico.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Tendremos que esperar...


Por mí, y por todos los seguidores... pero sobre todo lo siento por María, la más seguidora de Xoel que conozco personalmente.

Mala noticia, sin duda.

A.B.


Ciudad-búsqueda.

Busco a mi ciudad 
entre la lluvia y las aceras,
el tráfico, sus neuras
y las noticias de última hora.
Registro cajones vacíos,
llamadas perdidas, apuntes con mala letra
y fotogramas de años pasados
que me muestran la evidencia.

Busco sin éxito la ciudad
de los grandes rincones
y las pequeñas plazas
de balcones y terrazas abiertas
a la alegría de los sábados por la mañana.
El fracaso me duele entre semana,
pero hay viernes con carretera
que nunca me pillan por sorpresa.

Al final, la ciudad me encuentra siempre,
entregado a sus otoños y sus renuncias,
refugiado en la barra Automática,
con alguna cerveza de más
y escuchando aquella canción de los Smiths
que me recuerda tanto a ti.

A.B. (Octubre 2008)

viernes, 24 de octubre de 2008

Felicidades


Aprovecho mi primera actualización desde mi "retorno a la normalidad" para mandar una felicitación.

Muchas felicidades y gracias por todo, también por dejarme tus ojos como regalo vital.

Hoy era un buen día para estar juntos, ¿no? Un buen día, como todos.

El fin de semana que viene lo celebraremos con intereses.

Muchos besos, papá.

A.B.: Porque este ciudadano-B te debe la B a ti... entre otras tantas cosas.
Te sigo debiendo un regalo.

martes, 21 de octubre de 2008

Lugares comunes: cabinas de teléfono (2ª parte)

Entonces, un mechero para verse las caras y dar paso a una presentación atípica entre cristales, rodeados de una lluvia que, lejos de cesar, aumentaba de intensidad. El agua se deslizaba por las aceras y el asfalto, calle abajo, ante la imposibilidad de ser tragada por las alcantarillas, poco acostumbradas a aguaceros como aquel.

Cuando uno se queda encerrado dos horas en una cabina con una desconocida a causa de una lluvia violenta y una avenida demasiado grande y sin portales que puedan proteger, se crea una relación un tanto circunstancial e intensa a la vez, ya que, para combatir la incomodidad de mantener silencios excesivamente largos, acabas hablando –entre trueno y trueno –de cosas de las que, normalmente, no hablarías con el primer desconocido que se plantase delante. Pasada una hora la situación era preocupante, la tromba no cesaba y el nivel de agua en el suelo había alcanzado los quince centímetros de escalón que daban acceso a la cabina, aproximándose lentamente a los zapatos de los dos desconocidos sin paraguas.

En ese momento los dos se imaginaron la cabina llena de agua al cabo de unas horas y rieron con la idea de ser dos pececillos en una pecera con línea telefónica.

Tuvieron que pasar una hora más entre risas, charlas y agua en los zapatos para que la lluvia fuera algo más débil y poder plantearse la idea de salir de aquella jaula de vidrio. Sin esconder una sonrisa –triste, pero sonrisa –ella no pudo esconder su deseo de que la lluvia no remitiera y poder quedarse más tiempo con él encerrados en esa cabina. Él soltó un comentario ocurrente, algo así como “habrá más lluvias y esta cabina”. Ella le besó en los labios segundos antes de salir a la calle, al debilitado chaparrón, y decir adiós con su mano mientras emprendía una carrera feliz de regreso a casa.

 

- ¿Le ha pasado a usted alguna vez una cosa así? – Ramón ya no sabía como explicárselo. El policía bebía café en una vaso de plástico y le miraba con cara de póquer. –No es que me importe, agente, pero si no lo ha vivido no puede entederme.

 

Resulta que dos horas de diluvio universal y un beso fugaz así le dejan a uno tocado unos meses. Ramón no puede negar que al cabo del tiempo se hubiera olvidado de aquel encuentro, pero desde entonces las gotas de lluvia le recordaban a ella y a su paraguas roto de lunares malva. La hubiera olvidado si dos meses después, otra borrasca procedente del norte de Europa, no hubiera provocado otro aguacero de similares magnitudes. Desde la ventana de la cocina comenzó a tronar y Ramón se puso en marcha…

Sin paraguas, sin defensa alguna y sin muchas esperanzas, salió a la calle y comenzó a correr, bajo la lluvia, en dirección a la esquina de aquella avenida. Se veían relámpagos a lo lejos y un nubarrón más negro que su pasado que cubría por completo la ciudad. Cuando llegó a la cabina algo dentro de él se derrumbó: nadie.

Decidió entrar, resguardarse en ella, esperar.

Y diez minutos más tarde apareció, avenida abajo, corriendo a contracorriente, la lluvia maltratándole y ella, buscando el refugio perfecto. Su refugio.

Es fácil besarse con un desconocido en una cabina cuando es la segunda vez que lo ves, llueve a cántaros y no hay ningún otro loco por la calle. Es fácil covencerse de que lo de aquella noche fue “su” casualidad, aquella que tanto tiempo llevaba esperando. Es fácil sentirse especial cuando llevas cinco meses metida en un agujero del que deseas salir… y descubres que la mejor forma de salir es meterte en una cabina de telefónos los días de lluvia. Lo instituyeron así, casi sin quererlo, de forma espontánea, las noches de lluvia y cabina. Dos peces grises dándose los besos más húmedos del mundo bajo las lluvias más torrenciales de la última década.

 

-No me cuente más detalles, señor… esto me vale como declaración. No necesito más. –Le tendía los papeles a Ramón. –Fírmeme aquí, por favor.

 

Ramón salió de la comisaría totalmente hundido. Aquel policía no había entendido nada. Ni la historia de la cabina, ni las razones que le empujaron a encerrarse en ella unas horas antes. La decisión de la compañía de teléfonos de retirar en la zona centro de la ciudad las cabinas antiguas por otras más modernas y, por supuesto, abiertas para evitar cuadros de claustrofobia en los usuarios, era una noticia desagradable para la continuidad de sus encuentros bajo la lluvia, una medida para hacer desaparecer el único vínculo de unión entre él y “su” casualidad, una decisión que daría al traste con toda la magia que conservaban esas citas de aguacero. Quiso evitarlo con cartas a la compañía, cartas en los periódicos contando su historia, denuncias a la OCU argumentando lo útil de tales cabinas en caso de diluvio universal, pero ninguna de sus protestas tuvieron respuesta. Desesperado y conocedor de que la desaparición de tales elementos urbanos era inminente, decidió aquella noche encerrarse en su cabina como gesto de protesta y, ante todo y sobre todo, como un gesto de amor casual.

 

                                                                                              Fin de la 2ª parte.

                                                                                              Título original: Diluvios en la Quinta.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Bajo ningún concepto

Ni me niegues tus besos, 
ni me canceles los planes,
ni me arañes los huesos.
Si vas a matarme, hazlo,
pero bajo ningún concepto
lo alargues más de lo necesario.

domingo, 12 de octubre de 2008

Lugares comunes: Cabinas de teléfono (1ª parte).

Tuvo que intervenir la policía. Una pareja de viandantes llamaron alertados y no tardaron en llegar un par de coches patrulla al lugar. La lluvia caía feroz aquella noche, jugando con las luces centelleantes, azules y rojas de los nacionales, dándole un aspecto más americano a la intervención de las fuerzas del orden. Tardaron algo más de una hora en sacarlo de allí, intentándolo primero por la vía amistosa y pasando después al intimidatorio y  más efectivo plan B. A eso de las cuatro de la madrugada, Ramón, algo más despejado y relajado por el efecto de un calmante inyectado en vena, prestaba declaración en las dependencias de la comisaría.

Podría decirse que todo había empezado en aquel mismo lugar de donde le habían obligado a salir, una noche de aguacero idéntica. Porque empezó a llover en tromba y el agua le sorprendió en mitad de la avenida, sin paraguas –como acostumbraba –y sin más lugar donde resguardarse que aquel cubículo transparente de la cabina de teléfonos. Una de esas de las de antes, cubierta de arriba abajo y con puerta plegable. La tromba era tal que desde el cristal Ramón era incapaz de distinguir la calle a dos metros de distancia. Dio gracias a la compañía de teléfonos por sus instalaciones especialmente diseñadas para salvarle la vida a cualquier ciudadano sin paraguas en caso de aguacero. Empezaba a gustarle la visión borrosa y turbia de la ciudad a través del cristal maltratado por la lluvia cuando la puerta plegable de aquella cabina se abrió y alguién irrumpió violentamente en el reducido espacio del cubículo.

- ¡Perdón! –Habló un malherido paraguas de lunares malva intentando cerrarse al chocar con Ramón. Probablemente no se había percatado de que la cabina de teléfonos tenía ya un habitante. Porque los paraguas de lunares malva tienen eso, que no miran dentro de las cabinas, son bastante despistados y nunca dicen eso de “¿se puede?” antes de entrar en sitios estrechos.

Detrás del paraguas parlanchín, una joven con el rostro húmedo y en él, una sonrisa de preocupación y timidez. Continuó luchando con el paraguas, obligándole a cerrarse, pero la lluvia lo había destrozado. La puerta volvió a plegarse y el paraguas salió volando en dirección a las fauces de la tormenta. Un relámpago que estalló en la avenida precedió al estruendo brutal de un trueno que hizo temblar la cabina y estremecerse a la joven.

- No te preocupes, hay sitio para dos. –Ramón se volvió para no darle la espalda a la desconocida. –Esperaremos a que escampe.

Un nuevo relámpago iluminó de nuevo el bombardeo de agua en las aceras, los coches y las farolas; después, el trueno ensordecedor dio paso a un apagón en toda la avenida. La luz de la cabina también se fue de golpe. Quedaron a oscuras, la lluvia, la cabina, ellos y algo más negro que la ciudad al otro lado del cristal.

 

- Pensará que estoy loco, sargento… pero se lo puedo explicar. –A Ramón le temblaba un poco la voz. El policía, al otro lado de la mesa, miraba en el ordenador los resultados de los partidos de liga de esa misma tarde, mientras que el declarante continuaba la descripción de los hechos.

                                                                                                                             Continuará… 

sábado, 11 de octubre de 2008

Detallarte6

PISTAS:

1. Pintura al fresco que representa una escena nocturna.
2. Está a punto de aparecer un ángel (y éste tan tranquilo).
3. El protagonista de la escena cambió la Historia de occidente.

Tras alguna que otra insistencia en volver a colgar un Detallarte, aquí os dejo lo nuevo. Suerte para todos y a participar!!

En cuanto al último, se nos olvidó felicitar a Elia al acertar el título del cuadro de Edward Hopper, "Nighthaws" (por cierto, avisa cuando tengas colgadas las fotos de Milán y alrededores).

domingo, 5 de octubre de 2008

Instalados


Mudanza realizada.

Actualmente sin conexión a internet.

Me buscaré la vida para actualizar todo lo frecuentemente que pueda.

Saludos, mientras tanto.


Proximas actualizaciones: Detallarte, La ciudad: historias, Pensamientos en la azotea.



miércoles, 1 de octubre de 2008

Ayer quemé mi casa (Homenaje a Q.G.)

Ayer quemé mi casa
con todas las revistas,
cenizas de portadas
con discos de Bovb Dylan.
Ayer quemé mi casa,
mi caja de cerillas.
Si te preguntan di que no sabías nada.

Hoy no me detendrán.

Ayer quemé mi casa,
aún tengo en la retina
el humao de las llamas,
mis páginas escritas.
Ayer por la mañana
bajé a por gasolina,
despues quemé mi casa
por no quemar mi vida.

Hoy no me detendrán

Puedo tratar de acariciar la luna.
Puedo viajar lo lejos que soñé.
Puedo volar sobre las nubes sucias
después de ver mi casa arder.


En trámite

Mi vida sigue metida en cajas. Se alargan los días-caracol y se nota en los párpados, los músculos, la espalda. Tras tres días de mudanza e incomunicado con esta ciudad cibernética y deshabitada, trato de actualizar para informaros:
1. de mi situación "en trámite" justo a mitad de mudanza, a medio camino entre el apartamento que dejo y al que entro.
2. de que sigo vivo... y lo que me queda.
3. de que este fin de semana pasado estuve en Córdoba y disfruté como loco del concierto del sábado del Eutopía.

Os dejo. Hay que seguir con el trámite.

Muchos, muchos besos, saludos y demás a todos.

A.B.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Gracias y perdones (a quien corresponda)

Por hacer conmigo lo que hace la luz con los rincones,
y por darme lo que le da el magnetismo a una brújula. Gracias.

Por no estar más inspirado 1000 Perdones.

Esto no salda mi deuda... te sigo debiendo algo.

A.B. 

"Perfectos extraños" de L.R.

Hace unas semanas, Lola, una amiga de mi época más teatrera, me pedía permiso para adaptar el post que colgué en este blog titulado "Las colas" (dentro de la sección "La ciudad: historias") para grabar un cortometraje que participaría en el Certamen de Cine Instantáneo del Eutopía´08. Después de darle -por supuesto que se lo dí- ese "permiso", me pidió que escribiera yo mismo el guión literario, a lo que accedí sin problema alguno y, cómo no, con una ilusión tremenda. Después, Juan Antonio, de Andalocio, revisó el guión y lo mejoró, transformándolo en guión técnico. Y entonces, en 24 horas, (porque de eso va el concurso) con la participación de actores, ayudantes, técnicos y demás, Lola consigue grabarlo... 
Ayer mismo recibía un correo suyo, informándome de que el corto, titulado "Perfectos Extraños", había sido seleccionado junto a otros finalistas y que hoy mismo, en la Filmoteca de Córdoba sería estrenado para que los espectadores votaran al vídeo merecedor del premio del público.
Desde aquí, tal y como le he prometido, quería felicitarle y mandarle un beso enorme (y ya de paso hacerle algo de publicidad). Para mí ha sido un placer prestarte la historia y poner mi "granito arena"... una ilusión tremenda que me llamaras, que contaras con algo mío para algo tuyo, y bueno, que me hicieras participar indirectamente en lo que no he podido hacerlo de forma directa por estar presente pero de lejos... De verdad, gracias y, sobre todo, enhorabuena!!!

Pronto, en cuanto pueda, y si ella lo permite, colgaré el vídeo en este mismo sitio... espero que sea pronto.

Muchos besos y saludos cinematográficos.
(Fin... de este post)
(La historia... continuará...)

martes, 23 de septiembre de 2008

Revoluciones eutópicas

Mientras, los rincones se llenan de eutopías. El periódico dice "El amor está en el aire" cuando habla de Facto Delafé y sus flores azules en La Corredera; un amigo -sí, tengo algunos, éste en concreto no me deja comentarios -me cuenta sobre su experiencia en el Arqueológico escuchando poemas de origen romano y andalusí con nocturnidad y alevosía; después leo también el inicio de "Conversaciones en la azotea", con la participación de Cercás... y mientras me voy muriendo de envida -solo un poco- y haciendo una lista mental con las cosas a las que habría asistido en el EUTOPÍA, mientras todo ello va sucediendo en la ciudad-huella, el otoño se instala en nuestras vidas anunciando, además de sus revoluciones habituales, un pequeño cambio espacial en mi vida.

Cuando hablo de otoño no hablo de la manida expresión "alfombra de hojas secas", sino del color café con leche que baña la ciudad. No hablo de la lluvia, sino de la vista borrosa desde el lado seco de la ventana. No nombro la tristeza, porque no es estación-tristeza, sino estación-nostalgia. Es la estación del paraguas y la leche caliente.

A las siete de la tarde, la ciudad ya tiene al sol en el bolsillo, hay vida en las ventanas de los bloques grises y la penumbra se apodera de los parques para alegría de alguna pareja. Bajo del coche y siento la necesidad del frío (pero no), de un paseo por La Ribera (pero no), de un café en el Soul (pero no). Este fin de semana la estación cumplirá mis deseos. Llega Otoño y sus revoluciones eutópicas...

A.B. ... deseando Otoños eutópicos (pero no).

La Mudanza Espacial

Voy metiendo mi vida en cajas, 
ordenándolas en la puerta
junto a las maletas.
Tiempo de bajar persianas,
cerrar ventanas, desnudar camas,
echar miradas atrás.
Se trata del experimento
de los metros cuadrados,
del alquiler con contrato,
de la autovía en coche
y la noche sin tráfico.
La mudanza espacial.

domingo, 21 de septiembre de 2008

jueves, 18 de septiembre de 2008

PLOF

Porque me he enterado hoy.
Porque vaya semanitas que llevo.
Porque el Eutopía será, para mí, más corto de lo que esperaba.
Porque las vacaciones tendrán que esperar.
Porque no podré asistir al rodaje (lo siento, Lola).
Porque hay días que no sé a qué coño huelen las nubes.
Porque no habrá García Montero que valga.
Ni amor-muerte en las Tendillas.
Ni Facto Delafé ni Flores azules...
Lo siento, pero yo también tengo días así.

Y tendréis que aguantarme.

A.B. (Aguantándome).

Mañana prometo entrada optimista.

martes, 16 de septiembre de 2008

Ciudad esperanza


Se me llenan los cajones
de esperanzas en Septiembre,
sonsacándome sonrisas
-leves, tímidas, apenas
un apretar de labios.-

El tren me hace sentir
más sábado que nunca.
La vida en sus ventanas
es fugaz, como esta felicidad
que me empuja a abrir
botellas de champán imaginarias.

Se me avivan las pupilas,
me tiemblan las manos y digo no:
las puertas nunca estuvieron cerradas,
solo mis ojos.
Los sueños a veces se cumplen
en un vagón de tren
o en llamadas de teléfono
que te pillan de improviso
comprando en el supermercado.

Con los cajones llenos
de esa hierba fresca
que Septiembre deja,
el camino de vuelta se hace corto,
el equipaje menos triste,
la ciudad más esperanza.