lunes, 21 de diciembre de 2009

McPoema

La belleza, en determinadas circunstancias,

puede encontrarse en la cola de un McDonalds,

ser morena, de pelo largo, vestir ropa de H&M

y pedir un McFlurry con topping de chocolate.


Eso pensó “Roberto – Encargado” cuando,

desde la atalaya de la caja registradora le dedicaba

su McSonrisa de conquistador con camisa de cuadros.


Al acabar su turno trató de encontrarla buscándola

por las tiendas del complejo de ocio, los multicines

y las dos plantas de parking cubierto-completo.


La belleza, en determinadas circunstancias,

aprovecha la inmensidad de los centros comerciales

para evadirse, difuminarse y perderse para siempre.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Previsor


Siempre echo más ropa de la necesaria en la maleta para estos fines de semana.
Por si se nos ocurre quedarnos más días o para siempre.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Propósitos

Debemos cambiar mis ausencias perdidas por tiempos mejores,

las tardes laborales y vacías por explosiones en hora punta,

guisantes en la ensalada por atún en escabeche.

El porvenir es un castillo de naipes. No respires.

Boicoteemos el futuro escrito de los contratos indefinidos

y dediquémonos a la venta ambulante de sueños imposibles

o al absurdo placer de crear emociones.

Cualquier espacio en blanco es susceptible de hacernos volar low cost,

podríamos volver la cabeza, poner cara de asco, echarnos a reir.

Alguien debería luchar contra esta inercia irreversible y voraz,

pausar los tempos, ralentizar las pequeñas revoluciones,

pararnos a pensar en nuestros ombligos.

Apaguemos la luz, silencio. Soy capaz de cualquier cosa a oscuras,

y sé que tu corazón TDi puede renunciar al bajo consumo cualquier día

y reventarme de amor.

Demos el primer paso al vacío.

Nuestro triple salto mortal.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Checkpoint Charlie


Terminó de cenar rápido y salió a la calle. Se unió a la muchedumbre que avanzaba en dirección al tercer paso fronterizo del muro, donde los "vopos" miraban, sin entender nada, la incomprensible situación y trataban de contactar con sus superiores buscando explicación a aquel mar de personas que se agolpaban.

Entonces se le ocurrió pegarse al muro. Al otro lado todo era desconocido, pero a ciencia cierta mejor. Algunos empezaron a trepar por la pared, ayudándose entre ellos. Al alcanzar la cima, observaban la magnitud del hecho, se sentían protagonistas -por fin -de la historia que deseaban.

Sin encontrar gran oposición, la gente cruzaba el Checkpoint. Él decidió unirse a los de arriba, a los escaladores. Sin apenas esfuerzo, empujado por tres o cuatro manos que parecían miles, ascendió a la cumbre de hormigón. La visión era abrumadora.

Alguien empezó a golpear el muro con una maza enorme que hacía temblar el lugar en el que estaba detenido, disfrutando de aquella noche que guardaría para siempre en su memoria de momentos inolvidables. Un tipo con bigote le echó el brazo por encima del hombro y empezó a saltar a su lado. La fiesta contenida de la libertad. Muchos abajo seguían asestándole golpes rotundos a aquella mole de hormigón que empezaba a resquebrajarse. El muro, él lo sabe, no se cayó. Lo derribaron.

Al día siguiente, la ciudad era más grande y él despertó con resaca en un parque del otro lado del muro.

Hoy descubre que la memoria alcanza 20 años.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Pretéritos infuturibles (lamentablemente)

Se ha levantado a las 9 y, después de desayunar y de tomarse su colección de pastillas-para-estar-buena, ha hecho la cama en un "plisplás", se ha puesto el traje de falda y chaqueta azul –azul apagado, que le dice ella –se ha aplicado coloretes en las mejillas y se ha pintado los labios de color rojo-rojo. Muy rojos. Es el color que utiliza los días que se siente fenomenal.

En el ascensor, ha ido soltando sonrisas a los vecinos que iban montando en las distintas plantas conforme el aparato bajaba. No han hablado del tiempo. Tampoco de la crisis. Ni siquiera nadie ha preguntado por la salud de nadie. Todos callaban y ella simplemente sonreía.

Cuando ha salido a la calle, el cielo tenía un azul muy intenso –todo lo contrario que su traje –y ha pensado “pues hace un día estupendo”. Ha paseado por el parque despacito, pero aún así ha tenido que pararse a descansar dos veces. Ha hecho la compra, de la que previamente había confeccionado una lista:

Yogur soja

Espárragos blancos

Filete ternera

Jamón Llor

COVAP (semidesnatada)

Calabazin

Peras O ubas.

Estropago

Se lía, a veces, con las “bes-altas” y las “bes-bajas” y con muchas cosas más, pero le enorgullece entender su letra redonda, algo tosca y, en ocasiones, temblorosa.

El día ha seguido redondo cuando al pagar en Caja le ha tocado un vale con un 5% de descuento en productos de limpieza para la próxima compra. Loca de contenta, ha subido a casa, ha colocado cada cosa en su sitio, y ha vuelto a bajar a la calle.

Para rizarse el rizo se ha metido en la peluquería. Ha visto las fotos del Diez Minutos –el Príncipe cada día está más guapo, piensa –y ha escuchado la historia de una vecina a la que, precisamente, no se le ve “el pelo” desde que le tocó la lotería el verano pasado. Después se ha peinado y le han echado laca de la buena, para que le dure. Cuando ha salido eran ya las dos y media, no tenía la comida hecha pero le ha dado igual. Todas en la peluquería se han tragado su broma de que se ha echado un novio.

A su edad!

De vuelta, en el ascensor, aún se reía para adentro.

jueves, 15 de octubre de 2009

Las noches


Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m.

En una calleja sin salida, alguien se acomoda entre cartones buscando el calor de una manta de cuadros ajada. Un gato maúlla. Más arriba, alguien cierra los ojos con los pies puestos en una cornisa, sopla el viento en la azotea. Tercer intento fallido. Hay aviones surcando a esas horas los cielos de las grandes ciudades. Algunos pasajeros duermen, otros toman whiskys con hielo y otros centran su atención en el cuello de la azafata. Al chico de la gasolinera le faltan cuatro palabras para completar el crucigrama. Se rinde. Una ambulancia de cruz roja atraviesa una avenida solitaria. Un tipo pega el último trago en una cafetería del extrarradio. El camarero pone las sillas sobre las mesas. Hay hadas vestidas de verde volando alrededor del letrero “Café Cinema”. Desde un balcón, con lágrimas en los ojos, una chica fuma un cigarrillo con la mirada puesta en el vértice ß de la W de Andrómeda. Un hombre y sus treinta y cinco años dan vueltas en la cama. Le pican los pies bajo la sábana. Su mujer duerme profundamente. J. desea que llegue el fin de semana de carretera y manta. Á, en su lucha constante con el insomnio y sus fantasmas, se mantiene aferrada a un poema a punto de nacer. JMG escribe a ordenador reflexiones sobre su último viaje a Italia. A MD le despierta un dolor repentino, respira hondo, baja las escaleras. E. por fin pega ojo después de un viernes trasnochado y un fin de semana con “el teléfono infernal”. En plena fase R.E.M. los párpados de P. vibran repetida y fugazmente mientras una sonrisa se dibuja en su boca. En su móvil, una llamada perdida. A 500 Km de la plenitud, el ciudadano B siente un pequeño escalofrío y busca refugio en la mujer que duerme a su lado. Lejos de allí, escondido entre visillos, un anciano de 84 años mira llover desde el balcón de su residencia. Hay estrellas cayendo a los charcos.

Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m. Reales y ficticios, dormidos o en vela, de cerca, de lejos, en toda la ciudad, todos, todos, todos: sueñan con la vida que quieren.

Mr. Ferreiro acompaña hoy a The Strokes... que ustedes lo disfruten.




jueves, 24 de septiembre de 2009

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Volver, volver, volver...

Vuelvo perezoso, haciéndole la contra a esta lluvia tan torrencial. Agradecido porque el agua siempre inspira y suaviza las cosas y renueva el aire y acompaña perfectamente a ciertos estados de ánimo. Vuelvo perezoso, digo, después de diez días duplicando, triplicando o haciendo aparentemente infinitas mis reservas de endorfinas. Generando bienestar propio, compartiendo inquietudes, tardes, noches y cubatas… La vida suele resultar perfecta cuando en un círculo de –digamos –ocho metros cuadrados lo tienes todo; o cuando dos amigos se prestan a hacer de jurado en casa propia para analizar alguna creación de uno mismo; o cuando un lunes por la noche, víspera de fiesta, quedas con el propósito de tomar unas cañas en plan tranquilo y acabas a las cinco de la mañana, más feliz que unas pascuas, casi cerrando los bares; o cuando paseas bajo una tormenta sin mojarte de la mano de tu pareja con la ciudad al fondo; o cuando cierras los ojos y escuchas voces cercanas de tiempos lejanos; o cuando compartes unos boquerones al limón y un par de flamenquines; o cuando sales una mañana con tu hermana y acabas a mediodía sentado en la Corredera; o cuando tus amigos comparten contigo sus planes de boda y no les cansa que te pases por su casa día sí-día también; o cuando todo son hamacas después de la cena y charlas y libros y qué fresquito; o cuando sueñas que te despiertas temprano, que vas a trabajar andando, que vuelves a sesear, que sales de trabajar, que llegas a tu casa y que sigues teniendo todo lo anterior… a perpetuidad y de forma instantánea, sin necesidad de autovías.

Diez días dan para mucho. Gracias a todos. Podría maldecíos por acostumbrarme a la vida que quiero, pero en vez de ello… optaré por subirme a la azotea y haceros este pequeño homenaje en este humilde blog.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Permiso para aterrizar (mañana)

Dame permiso para
aterrizar,
pero luego no me pases la factura
si me sobrevuela la necesidad.
Cuando ya no me quiera ninguna
Subiré a tu cama
pintaré una nube
en tu ventana.

Dame permiso para
aterrizar
si me canso de vivir en las alturas.
Dame ternura, dame velocidad
que
me
he
quedado a oscuras.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Lugares comunes: Los supermercados

A Lucas le gustan las bolsas de plástico semitransparente de los supermercados del barrio. Esas que próximamente dejarán de existir por aquello de la lucha contra el cambio climático. Esas que dejan adivinar la compra de cada uno. Le gustan. A Lucas. Las bolsas de plástico semitransparente.

En sus horas matutinas y muertas, en la esquina de la avenida, ve cientos de personas cargando con ellas. Según un estudio realizado por él mismo en el pasado mes de Abril, el 87,50% eran amas de casa, un 8,25% hombres mayores de 50 y el 4,25% restante, jóvenes universitarios con mala cara. Como ya he dicho su estudio estadístico se realizó en horas de jornada matutina, hasta, aproximadamente, las 2-2 y media y siempre durante el ejercicio de su actividad laboral como vendedor de cupones de esquina, silla de pescar y voz semideseagradable que utiliza para tentar a todo el que pase por su “¿…y si toca?!”

Lucas tiene 50 años, no-sé-qué-músculo de la pierna atrofiado, 2 hijos (Domingo y Antonio), una mujer que le dejó viudo demasiado pronto y 3 gatos (Tom, López y Antuán, así, tal cual). Además, podría decirse que tiene, además de su labor como “repartidor de suerte” –que le llama él –la de estadístico callejero de balde. Así, cada mes se propone un estudio a realizar entre los viandantes que pasan por su esquina.

Aprovechando los últimos días en la vida de las alucinantes bolsas de plástico semitransparente, Lucas se ha propuesto hacer una “Lista de la compra media” de los hogares de su ciudad y estudia con esmero los contenidos que se vislumbran tras el plástico. Piensa –filosofía callejera, que le llama él –que observando lo que compra un individuo (o individua) puede uno llegar a saber qué tipo de persona es, si vive en pareja –si no –si tiene hijos –si no –si trabaja –si no –si es mileurista –si no –si tiene tiempo libre –si no –si utiliza lista de la compra –si no – …e infinitas posibilidades que da la bolsa de la compra de conocer realmente a su portador/a.

Después de terminar el estudio, en su casa y acompañado por alguna copa de whisky, realiza una tabla con porcentajes que calcula de cabeza y va poniendo, uno a uno, los treinta artículos más comprados por los hogares de la ciudad. Una vez terminado, analiza cada uno de los productos de la lista, comparándola con listas de la compra propias que ha ido almacenando durante un año. Comprueba que son las tres de la mañana. Solo descubre una divergencia –solo una –entre ambas listas. Triste y desolado se marcha a la cama, prometiéndose que mañana sin falta, aunque sea por converger con la media, comprará preservativos en el supermercado.

lunes, 31 de agosto de 2009

City Sounds II

Os dejo hoy con una entrega más de City Sounds. Esta vez les toca el turno a Robert Smith y sugente, con el mítico Just like heaven, y a Jota y sus Planetas con la también archiconocida "Un buen día", dos grupos catalogados de oscuros, pero cuya música resulta de un buen rollo estremecedor...

Disfrutadlos:
"Show me how you do that trick
The one that makes me scream" she said
"The one that makes me laugh" she said
And threw her arms around my neck
"Show me how you do it
And I promise you I promise that
I'll run away with you
I'll run away with you"

miércoles, 19 de agosto de 2009

Lugares comunes: hogares en construcción


Desde la azotea, un rebaño de grúas como velas en la tarta de cumpleaños de un septuagenario abuelo. Y debajo de cada una de ellas, un proyecto de edificio, esqueletos hormigonados de viviendas sin terminar, hogares sin alma ni tabiques. No hay ventanas, solo huecos. En algunos muros, yeso a medias, ladrillos y cemento en hileras horizontales que forman el coloso vertical… De cuando en cuando, y como único ápice de vida, latas de cerveza vacías por el suelo, colillas extremas de cigarrillos, un sombrero de paja. Cuando sopla, el viento pasa de largo.

El edificio Mirador[1] es uno de ellos. Pequeño, de sólo 12 viviendas, interrumpieron su cerramiento en la segunda planta. Las razones dan igual… quizá solo importen los efectos. Zona de expansión, avenidas grandes, plazas y jardines, buena comunicación con el centro de la ciudad. El anterior dueño del terreno no volverá a pasar hambre, ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos... Hoy, el edificio –o su promesa –espera paciente a tiempos mejores, derrotado por un coitus interruptus en el que nadie tenía ni idea de técnicas tántricas. Ahora: todos con dolor de huevos.

Durante el día se oyen los ecos de obras cercanas con mejor suerte. Golpes metálicos, maquinaria de estrépitos, voces con cascos. De noche el panorama es muy distinto. Casi todo es silencio y oscuridad. Nadie pasea aún por esas avenidas a medio hacer. De hacerlo, y prestando atención, podría observar cierto fulgor en las ventanas del 2º D. Un zigzagueo lumínico.

Roberto tiene treinta y cinco y un futuro incierto. Él y Alicia son padres de Luis, de 5 años, y de Alba, aún por venir. Hace apenas unos meses, la cuadrilla de Roberto terminaba el cerramiento de las dos primeras plantas del edificio. Ahora, despedidos, desahuciados y desesperados, se esconden a la luz de las velas para tener un techo. Mientras buscan la solución, compran en el Lidl, viajan en autobús y se imprimen Currículums en casa de algún amigo, como cualquier hijo de vecino. Calientan latas en una cocina de camping y consiguieron un colchón de matrimonio que alguien desechó. De manera inexplicable, han conseguido ocultar su situación a sus padres. Un transistor a pilas les mantiene informados de la última evolución del Euribor, el precio de la vivienda y el descenso de la firma de hipotecas. Sobreviven con la paga del INEM de Roberto, que acabará antes de que llegue Navidad.

Hace unos meses, él, como su antiguo jefe, también intentaba construir un hogar.


[1] Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

martes, 11 de agosto de 2009

Noche de tormentas

La luz de la cocina parpadea con la asiduidad de las películas de miedo. La encimera, el fregadero y tú aparecéis en flashes fugaces de un blanco interrumpido para volver al espacio a oscuras, nocturno. Amanecer es que tú abras el frigorífico y, con una sonrisa cruel, me pases una cerveza. Tu beso solo sabe a aproximación. De nuevo oscuridad.

La lavadora centrifuga mientras buscamos el trasluz de la ventana. Ese otro beso tuyo no ha llegado en son de paz. La luz continúa zigzagueando entre tú y mi cabeza, relampaguea el tubo de neón… abres la ventana.

Entonces descubrimos la triada perfecta: A lo lejos, más allá de la ciudad y sus electricidades, una tormenta se avecina con la pereza de lunes por la mañana, estalla en mil rayos, entre las nubes, ahogando de luz el cielo ceniza.

Por su lado, la cocina acoge una tormenta propia que surge desde el techo e inunda a destellos veloces cada rincón. Completa la triada circular nuestra tormenta propia, que inicias con tu beso-relámpago, ante el que yo no puedo más que doblegarme.

lunes, 3 de agosto de 2009

La tarde Genial

Bajaba por el Bailío y buscaba la sombra por Alfaros para llegar a tiempo al Jazz. Al llegar, descubre una calle desierta y una puerta cerrada. Después de mucho tiempo de intentos infructuosos por ambas partes, hemos conseguido establecer un punto X y una hora H (distinta, afortunadamente, a las 17,30) para saldar la deuda pendiente de los años lejanos, de los telones bajados, los kilómetros recorridos y los post releídos. El segundo en discordia aún no ha llegado, ¿o sí?
En efecto, ha llegado pronto y, ante la negativa del Jazz por abrir esa tarde, ha decidido dar una vuelta para hacer tiempo. Aparece calle abajo y no se le ha ocurrido cambiar. Durante 7 años los abrazos han quedado escritos, ahora, en uno solo, se sellan todos.
Ante la traición de nuestra primera opción, la Corredera surge como alternativa, castiza donde las haya. Hacen falta 3 ó 4 cervezas para ponerse al día, dibujar un esquema mental del recorrido realizado por nuestra cuenta, hay tiempo para hablar de todo un poco: nuestras vidas, nuestras ciudades, las contradicciones y los sentimientos de pertenencia o no. En todo momento se echa en falta a la señorita del verso punzante, esa que años atrás nos bordaba a Yerma en una escena que siempre fue demasiado corta.
La conversación es fluida, tratamos de entender la situación mundial sin tan siquiera comprender la situación local. El caso es que en dos horas que se me hacen en exceso breves uno consigue darse cuenta de que gracias en parte a esta ciudad el contacto sigue ahí...
Decidimos iniciar un paseo lento, las palabras sigue fluyendo, y, sin darme cuenta, llegamos a la Ribera donde existe un banco para continuar saldando la deuda conversacional. Como broche final, por arte de magia, y sin necesidad de chistera, se saca un libro de la manga. Las páginas tienen el encanto del abuso de caricias y el color de los años en movimiento. Dentro me espera un Bukowski abierto de par en par. "Espero que lo disfrutes", me dice.
La despedida es alegre, porque sabemos que no pasarán otros siete años... y si pasan, dará igual.

Genio. Genio. Y Genio.

Ángela... la próxima vez, hazte un favor: concédete el deseo de venir.

Resumen vacacional

Mi hermano cumplió los 25 el mismo día de todos los años. La piscina ayuda a combatir el calor. Mi hermana voló por primera vez. A veces, un piloto puede pisar el acelerador y llegar antes de la hora prevista aún habiendo salido el vuelo con retraso... tantas prisas solo llevan a un aterrizaje algo brusco. El norte de Italia está lleno de italianos que conducen como locos y pequeños pueblecitos rodeados de colinas verdes. El lago Como está situado a 199 metros de altitud sobre el nivel del mar y tiene una superficie de 146 km². El Duomo de Milán es la cuarta catedral católica romana más grande del mundo, dentrás de la de Sevilla, la de San Pablo en Londres y la basílica de San Pedro en Roma. Verona es el culto no-del-todo-justificado a Romeo y Julieta. Ficciones es un gran libro al que habrá que volver. Venecia no huele mal. No tiene vida propia, pero es completamente distinta a cualquier ciudad, con ese encanto de las ciudades decadentes. Y repito, no huele mal. De vuelta a Córdoba el tiempo ha volado entre salidas nocturnas y horas en remojo con olor a cloro.
A destacar: Mi amigo genio y yo nos cobramos una deuda que teníamos pendiente (gracias, JG, por esas dos horas -tan breves- entre cañas y tertulia), en el corazón de esta ciudad, realizando actualizaciones automáticas de nuestro software personal, poniéndonos al día... después de tantos años sin vernos las caras... entre los madriles y las murcias hemos descubierto que la distancia no es tanta. (Gracias, también, por tu detalle Bukowskiano y cervecero). Todo ello merece una entrada que postearé a continuación.
En resumen, unas vacaciones combinadas con viaje maratoniano y días tranquilos de andar por casa.

viernes, 24 de julio de 2009

De vacaciones


Ha hecho las maletas, aprovechando los días de asueto y lo económico de los vuelos low cost, y ha salido de la ciudad sin abandonarla (nunca) completamente.

En Bérgamo, cerca de la Piazza Vecchia, en una antigua casona recién restaurada (y con buen gusto, para colmo) ha establecido su campamento base para visitar la pequeña ciudad medieval, la industrial Milán y la grandiosidad del lago Como y sus alrededores. Mañana será el turno de Verona y después un par de noches en Venecia.

El Ciudadano B está disfrutando de lo lindo. Él también se merece unas buenas vacaciones.

lunes, 13 de julio de 2009

El camino del Jazz

Quizás aparque cerca de Colón, donde tomaba Coca-colas a morro, sentado en los bancos junto a las primeras juntas o donde rodaban “El destino” cuando Jero descubría que los peces tenían memoria. Por rememorar, bajaría las escaleras que llevan a la calle Adarve y pasaría por lo que en su momento fue La Casa de la Juventud (hoy Instituto de la Mujer, así, con Mayúsculas). Al pasar por la puerta, recordaría que en la primera planta, de la mano de Julio César, encontró magia y que, más de una vez, cometió la locura de trasnochar en compañía de otros para asegurar plazas en los cursos de teatro. Pasará de largo: el cine permanecerá cerrado, Isabel la Católica habrá rendido pleitesía al proyecto hegemónico de los multicines de extrarradio, y cruzará, dirección Alfaros.

Volverán a venirle recuerdos del Can-cán y las grandes noches de pequeñas improvisaciones y monólogos cuando un espíritu de comunión nos contagiaba las sonrisas. El Can-cán sigue abierto, a la espera de nuevas ideas, siempre con alguna exposición fotográfica, y con el mismo ambiente intimista de siempre.

Dejará atrás el Bailío, con sus paredes de bugambilla, pasará Moloko, el gran Automático, dejará a un lado la tentación de asomarse a Soul o de tapear en el Delorian… Su destino queda cerca ya. Por mucho premio arquitectónico que obtuviese, nunca le gustó el edificio del Ayuntamiento. Un puñado de columnas romanas sostendrán un techo celeste oscurecido, de atardecer vencido, de estrellas tímidas aún. Torcerá a la izquierda, Espartería abajo, forzando a sus gemelos a frenar el paso que impone la pendiente que lleva a la Corredera. Se detiene. A la derecha, con la esquina redondeada y con su ventanuco circular, el Jazz Café le abre sus puertas.

Oscuridad. En un rincón un piano. Al fondo, un pequeño escenario. Alguien lee cerca de una lamparita como de mesilla de noche. Toma asiento. Pide una cerveza. Humo. El resto aún no ha llegado, pero no tardarán.

Cientoún segundos pasan hasta que el siguiente hace su entrada en aquel antro oscuro y con trompetas en los altavoces.

Comienza otra tarde del Jazz más.

lunes, 6 de julio de 2009

CITY SOUNDS: Kasabian + Love of Lesbian

City Sounds es la nueva sección semanal de esta ciudad y pretende ir aportando un poco de sonido a esta ciudad silenciosa desde hace tiempo. Porque cada ciudad tiene sus sonidos, sus bandas sonoras, sus silencios y sus ruidos clandestinos.

En esta primera entrega, Kasabian y su canción "Where did all the love go?" y, acto seguido, "Domingo Astromántico", de Love of Lesbian.




The rivers of the pavement

Are flowing now with blood

The children of the future

Are drowning in the flood

Where did all the love go?

Now I don't know why

Oh why

In this social chaos

There's violence in the air

Gotta keep your wits about you

Be careful not to stare

Where did all the love go?

I don't know, I don't know

( bet you can't see it)




Madelmans haciendo slalom por tu cuello,
aire que se lleva tus misterios, hacia el Sur se van.

Y sé que a veces piensas que estoy algo ido,
pero nunca pierdo una sola oportunidad de admirar cómo ...

Te deslizas como si fueras de viento
y al contacto con mis dedos te desvanecieras.

Tengo un plan:


Cualquier día de estos, mientras te llevo al trabajo en coche, cogeré todos los semáforos en rojo para que puedas besarme a tus anchas.
Llegaremos tarde a la oficina, pero con sonrisas en la boca y hormigueo en las pupilas.


miércoles, 1 de julio de 2009

"Caricias": Drama urbano en 3 servilletas (III)

Servilleta "Caricias" azul, #3 (arrugada, en el suelo):

El futuro

Dentro de un rato, de tanto mirarla, se le habrán ido las ganas de decirme nada. Como tantas otras, se habrá marchado marchado, persiguiendo un rayo de sol, dedicándome una sonrisa en forma de “no nos volveremos a ver más”.

Yo me quedaré un rato sentado en la terraza, encajando el mismo golpe de siempre. Después, miraré el gentío de terrazas y buen tiempo a mi alrededor y lo contrastaré con mi individualidad. Con su imagen aún en la memoria, me marcharé vacío de vuelta a casa.

Convencido, como de costumbre, la habré perdido. Para siempre.

La mujer de mi vida.

Foto: extraída de http://fotos-cordoba.blogspot.com/

lunes, 29 de junio de 2009

"Caricias": Drama urbano en 3 servilletas (II)

Servilleta "Caricias" roja # 2:

El presente

En invierno en la Plaza de la Corredera ponen terrazas los bares los días que hace sol y yo acostumbro a sentarme en este que hace esquina, porque es donde te ponen las aceitunas más grandes con el hueso más pequeño. Helada la cerveza y la conciencia, he tratado de olvidarme de ella, concentrarme en el reloj de la plaza –las doce y veinte –y todo lo que he conseguido es sentirme noviembre.

Un minuto y veintitrés segundos más tarde el azar ha vuelto y ella ha reaparecido detrás de un sorbo de cerveza convirtiéndose en martes soleado en esta Plaza. Ahora está sentada en la mesa que hay frente a la mía, lee un libro de bolsillo y ha descubierto los tintos de verano. A mí me ha dado por gastar servilletas escribiendo todo esto, llevo media hora, dos cervezas y los mismos cigarrillos. A ella le he contado siete páginas, cinco sonrisas y una ilusión. De sus parpadeos ya he perdido la cuenta. No hago más que mirarla convenciéndome de lo evidente y tratando de que ella también se dé cuenta de ello, se levante, se acerque a mí y me diga lo que espero que me diga, así, casi todo de seguido, sin pausas... Algo como hola, ¿qué tal estás? ¿me reconoces? Soy yo. La mujer de tu vida.

domingo, 21 de junio de 2009

"Caricias": Drama urbano en 3 servilletas (I)


Servilleta "Caricias" azul #1:
El pasado

Te encontré en una plaza del centro, bebiendo de una de esas fuentes públicas. Tú serías belga, francesa o italiana, o quizás franco-italiana, como esas producciones que ponen en La2 los martes de madrugada. En cualquier caso, no era martes, ni madrugada y yo no sabía de donde venías tú ni hacia donde iba yo.

Te seguí a hurtadillas mientras dirigías tus pasos hacia el barrio viejo, calles empedradas, estrecheces encaladas, y tus huellas me sabían a algo más dulce que la casualidad. Mi instinto desafinaba una canción improvisada sobre el azar y los desencuentros que éste provoca y tú no hacías más que mirar al cielo y no, no parece que vaya a llover, vaya: ya he echado el chubasquero para nada.

Pronto acabaste confundiéndote con los de tu especie, turistas de a pie, con mochila a cuestas, unos con cámara de fotos, otros con guías de viaje, tú con tu mirada desconocedora de alrededores y, en un segundo, te perdí.

Olía a azahar, había rumor de fuentes y de gentes, sonaban campanas de misa, las doce del medio día, la calle estaba a rebosar de viajeros y yo me quedé desolado, vagando por las calles de alrededor, buscando desesperadamente una cara que se pareciera a la tuya, una Dorothy sin trenzas y sin pecas caminando por el sendero de baldosas amarillas que no eran ni baldosas ni amarillas, sino cantos rodados que chisporroteaban al roce del sol. Me sentí irresponsable –cómo has podido perderla, dejarla marchar –era la multitud, me despisté –no, no hay excusas, deberías encontrarla.

Pero no, no había manera…

Desolado, frustrado y decepcionado, necesitaba despejarme... ¿una cerveza?

Me respondí "que sí".

...continuará.

Foto: Extraída de Flickr - usuario violetí©

jueves, 7 de mayo de 2009

Van a por nosotros

Conocí a Juanma en un curso de teatro. Su improvisación del albañil-poeta me dejó K.O. y tuve que acuñar para él las siglas J.M.G., que él y algunos pocos más entienden. Juanma, como yo y, probablemente como tú, gastamos nuestro tiempo en un trabajo alienante sabiendo que tendríamos mejores cosas que hacer... Necesitamos trabajar tanto como realizar esas "mejores cosas". Una necesidad, la primera, es méramente económica. La otra, gastroduodenal, visceral, casi vital.

Juanma me presentó a Miguel. De esto, ya digo, hace muchísimo tiempo. Miguel tenía un proyecto: Felicidad Concreta, y yo iba a ser el Dios más parecido a John Malkovich. La Felicidad nunca se concretó, pero gracias a Juanma conocí a Miguel que me hizo conocer, cuando aún existían las casettes que se podían grabar de pletina a pletina, a los Accidentis Polipoetics.

¿Y qué tiene que ver el título con todo esto? ¿Y qué tiene que ver el primer párrafo con el segundo?

Pues eso, nada...

Pero escuchad: van a por nosotros.


Lugares comunes: CC.CC.

Un hombre con bigote. Una mujer con cara de hombre con bigote. Luces. Dos filas de ascensores, PAPELERA, escaleras mecánicas, Cafetería. Salida de emergencia. Una mujer que se parece a la del telediario del mediodía de Cuatro. Un Burger King. Por los altavoces, el último gran éxito de Estopa. Gente. Mucha gente. OFERTAS, REBAJAS, ULTIMOS DÍAS. Liquidación por traspaso. Tiendas. Un niño muy feo en un carrito de la compra. Le saca la lengua. Se vuelve para evitar su mirada mantenida. Más tiendas, otra Cafetería, una zapatería. “Mamá”, susurra…  Comienza a andar sin dirección concreta. Más gente. Con bolsas en las manos, en los ojos, nadie lo observa. Busca carteles que indiquen “MAMÁ”, así, con letras grandes: SALIDA. CAJAS Ì. PLANTA 1. ASEOS. HOMBRES. MUJERES. MENÚ DEL DÍA. PROMOCIÓN. PLANO DE SITUACIÓN. ZCAJERO AUTOMÁTICO. SUPERMERCADO SU COPIA DE LLAVES EN UN MINUTO. 'PRENSA. GOLOSINAS. (¡Golosinas!) AGENCIA DE VIAJES. çACCESO PARKING. GRACIAS POR SU VISITA. INFORMACIÓN… (¡Información!) Nadie tras el mostrador. ¿Hola? Una cabeza de pelo rizado asoma sonriendo. Hola, pequeño, ¿te has perdido?

Entonces recuerda a mamá y sus frases célebres: “Tápate la boca”, “lávate los dientes”, “eso no se toca”, “tu padre era un cabrón”… “¡NO HABLES CON EXTRAÑOS!”

Decide echar a correr.

Para entonces, Antonia Serrano, madre de la criatura y auxiliar de enfermería en una clínica de cirugía estética, ha llegado al otro extremo del Centro Comercial, correteando a lágrima viva, ha llamado –aún no se sabe por qué –a su madre, que está de crucero con su nuevo, flamante y septuagenario novio, abogado retirado y padre de –nada más y nada menos- ocho hijos, todos varones. También le ha dado tiempo de ver un bolso de piel buena de rebajas, una falda muy mona con un estampado ideal y una oferta bárbara de 4 días en Praga… pero todo de soslayo, mientras lloraba y hablaba con su madre por el móvil “mamá, he perdido a Fran, ¡he perdido a Fran!”.

Para entonces, a Fran le ha encontrado un tío con pinta de guardia de seguridad y comportamiento de comisario de policía. “Verá usted, señor agente, mi madre es un desastre y mi padre es un cabrón”.

-          No te preocupes, chaval, los padres son así. Al mío lo tengo de crucero con una abuela que conoció por internet. Están todos locos.

Por el altavoz, interrumpiendo el principio de Nothing compares 2u de Sinead O'connor, que sonaba en todo el Centro Comercial, una voz erótica articula, en perfecto castellano “Atención: rogamos a la madre del niño Francisco Bermúdez Serrano se persone en mostrador de Información”. 

domingo, 3 de mayo de 2009

Mayo cruel


En Mayo esta ciudad duele más de lo normal.

Si Abril nos dejaba versos, Mayo se desparrama en ternura de color rojo y el aroma más embriagador. He dicho mil veces que esta ciudad es cruel, no tiene compasión, es insoportable disfrutarla sabiendo que has de dejarla.

Durante este mes despliega todas sus armas, sus artificios, sus trucos de azahar, sus explosiones de buganvilla…

Me coge, me zarandea, me arrastra por cada lugar marcado con una cruz en rojo y me muestra el lado más bello de la felicidad, invitándome a la permanencia, a la perpetuidad de las noches en vela…

Después me sienta en esta silla, aún aturdido, porque tanta belleza hiere, y me hace escribir líneas adorando cada rincón que traspira primavera, cada fragmento urbano de motivos florales…

Entonces descubro que detrás de todas esas líneas existe un poema.

Y sí, el poema también duele. Tanto como los puntos aparte o los centímetros que nos separan.