Pretéritos infuturibles (lamentablemente)

lunes 2 de noviembre de 2009

Se ha levantado a las 9 y, después de desayunar y de tomarse su colección de pastillas-para-estar-buena, ha hecho la cama en un "plisplás", se ha puesto el traje de falda y chaqueta azul –azul apagado, que le dice ella –se ha aplicado coloretes en las mejillas y se ha pintado los labios de color rojo-rojo. Muy rojos. Es el color que utiliza los días que se siente fenomenal.

En el ascensor, ha ido soltando sonrisas a los vecinos que iban montando en las distintas plantas conforme el aparato bajaba. No han hablado del tiempo. Tampoco de la crisis. Ni siquiera nadie ha preguntado por la salud de nadie. Todos callaban y ella simplemente sonreía.

Cuando ha salido a la calle, el cielo tenía un azul muy intenso –todo lo contrario que su traje –y ha pensado “pues hace un día estupendo”. Ha paseado por el parque despacito, pero aún así ha tenido que pararse a descansar dos veces. Ha hecho la compra, de la que previamente había confeccionado una lista:

Yogur soja

Espárragos blancos

Filete ternera

Jamón Llor

COVAP (semidesnatada)

Calabazin

Peras O ubas.

Estropago

Se lía, a veces, con las “bes-altas” y las “bes-bajas” y con muchas cosas más, pero le enorgullece entender su letra redonda, algo tosca y, en ocasiones, temblorosa.

El día ha seguido redondo cuando al pagar en Caja le ha tocado un vale con un 5% de descuento en productos de limpieza para la próxima compra. Loca de contenta, ha subido a casa, ha colocado cada cosa en su sitio, y ha vuelto a bajar a la calle.

Para rizarse el rizo se ha metido en la peluquería. Ha visto las fotos del Diez Minutos –el Príncipe cada día está más guapo, piensa –y ha escuchado la historia de una vecina a la que, precisamente, no se le ve “el pelo” desde que le tocó la lotería el verano pasado. Después se ha peinado y le han echado laca de la buena, para que le dure. Cuando ha salido eran ya las dos y media, no tenía la comida hecha pero le ha dado igual. Todas en la peluquería se han tragado su broma de que se ha echado un novio.

A su edad!

De vuelta, en el ascensor, aún se reía para adentro.

Las noches

jueves 15 de octubre de 2009


Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m.

En una calleja sin salida, alguien se acomoda entre cartones buscando el calor de una manta de cuadros ajada. Un gato maúlla. Más arriba, alguien cierra los ojos con los pies puestos en una cornisa, sopla el viento en la azotea. Tercer intento fallido. Hay aviones surcando a esas horas los cielos de las grandes ciudades. Algunos pasajeros duermen, otros toman whiskys con hielo y otros centran su atención en el cuello de la azafata. Al chico de la gasolinera le faltan cuatro palabras para completar el crucigrama. Se rinde. Una ambulancia de cruz roja atraviesa una avenida solitaria. Un tipo pega el último trago en una cafetería del extrarradio. El camarero pone las sillas sobre las mesas. Hay hadas vestidas de verde volando alrededor del letrero “Café Cinema”. Desde un balcón, con lágrimas en los ojos, una chica fuma un cigarrillo con la mirada puesta en el vértice ß de la W de Andrómeda. Un hombre y sus treinta y cinco años dan vueltas en la cama. Le pican los pies bajo la sábana. Su mujer duerme profundamente. J. desea que llegue el fin de semana de carretera y manta. Á, en su lucha constante con el insomnio y sus fantasmas, se mantiene aferrada a un poema a punto de nacer. JMG escribe a ordenador reflexiones sobre su último viaje a Italia. A MD le despierta un dolor repentino, respira hondo, baja las escaleras. E. por fin pega ojo después de un viernes trasnochado y un fin de semana con “el teléfono infernal”. En plena fase R.E.M. los párpados de P. vibran repetida y fugazmente mientras una sonrisa se dibuja en su boca. En su móvil, una llamada perdida. A 500 Km de la plenitud, el ciudadano B siente un pequeño escalofrío y busca refugio en la mujer que duerme a su lado. Lejos de allí, escondido entre visillos, un anciano de 84 años mira llover desde el balcón de su residencia. Hay estrellas cayendo a los charcos.

Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m. Reales y ficticios, dormidos o en vela, de cerca, de lejos, en toda la ciudad, todos, todos, todos: sueñan con la vida que quieren.

Mr. Ferreiro acompaña hoy a The Strokes... que ustedes lo disfruten.




jueves 24 de septiembre de 2009

Eres atractiva y casi nunca para mí. Como un billete de quinientos.

Volver, volver, volver...

miércoles 16 de septiembre de 2009

Vuelvo perezoso, haciéndole la contra a esta lluvia tan torrencial. Agradecido porque el agua siempre inspira y suaviza las cosas y renueva el aire y acompaña perfectamente a ciertos estados de ánimo. Vuelvo perezoso, digo, después de diez días duplicando, triplicando o haciendo aparentemente infinitas mis reservas de endorfinas. Generando bienestar propio, compartiendo inquietudes, tardes, noches y cubatas… La vida suele resultar perfecta cuando en un círculo de –digamos –ocho metros cuadrados lo tienes todo; o cuando dos amigos se prestan a hacer de jurado en casa propia para analizar alguna creación de uno mismo; o cuando un lunes por la noche, víspera de fiesta, quedas con el propósito de tomar unas cañas en plan tranquilo y acabas a las cinco de la mañana, más feliz que unas pascuas, casi cerrando los bares; o cuando paseas bajo una tormenta sin mojarte de la mano de tu pareja con la ciudad al fondo; o cuando cierras los ojos y escuchas voces cercanas de tiempos lejanos; o cuando compartes unos boquerones al limón y un par de flamenquines; o cuando sales una mañana con tu hermana y acabas a mediodía sentado en la Corredera; o cuando tus amigos comparten contigo sus planes de boda y no les cansa que te pases por su casa día sí-día también; o cuando todo son hamacas después de la cena y charlas y libros y qué fresquito; o cuando sueñas que te despiertas temprano, que vas a trabajar andando, que vuelves a sesear, que sales de trabajar, que llegas a tu casa y que sigues teniendo todo lo anterior… a perpetuidad y de forma instantánea, sin necesidad de autovías.

Diez días dan para mucho. Gracias a todos. Podría maldecíos por acostumbrarme a la vida que quiero, pero en vez de ello… optaré por subirme a la azotea y haceros este pequeño homenaje en este humilde blog.

Permiso para aterrizar (mañana)

jueves 3 de septiembre de 2009

Dame permiso para
aterrizar,
pero luego no me pases la factura
si me sobrevuela la necesidad.
Cuando ya no me quiera ninguna
Subiré a tu cama
pintaré una nube
en tu ventana.

Dame permiso para
aterrizar
si me canso de vivir en las alturas.
Dame ternura, dame velocidad
que
me
he
quedado a oscuras.

Lugares comunes: Los supermercados

miércoles 2 de septiembre de 2009

A Lucas le gustan las bolsas de plástico semitransparente de los supermercados del barrio. Esas que próximamente dejarán de existir por aquello de la lucha contra el cambio climático. Esas que dejan adivinar la compra de cada uno. Le gustan. A Lucas. Las bolsas de plástico semitransparente.

En sus horas matutinas y muertas, en la esquina de la avenida, ve cientos de personas cargando con ellas. Según un estudio realizado por él mismo en el pasado mes de Abril, el 87,50% eran amas de casa, un 8,25% hombres mayores de 50 y el 4,25% restante, jóvenes universitarios con mala cara. Como ya he dicho su estudio estadístico se realizó en horas de jornada matutina, hasta, aproximadamente, las 2-2 y media y siempre durante el ejercicio de su actividad laboral como vendedor de cupones de esquina, silla de pescar y voz semideseagradable que utiliza para tentar a todo el que pase por su “¿…y si toca?!”

Lucas tiene 50 años, no-sé-qué-músculo de la pierna atrofiado, 2 hijos (Domingo y Antonio), una mujer que le dejó viudo demasiado pronto y 3 gatos (Tom, López y Antuán, así, tal cual). Además, podría decirse que tiene, además de su labor como “repartidor de suerte” –que le llama él –la de estadístico callejero de balde. Así, cada mes se propone un estudio a realizar entre los viandantes que pasan por su esquina.

Aprovechando los últimos días en la vida de las alucinantes bolsas de plástico semitransparente, Lucas se ha propuesto hacer una “Lista de la compra media” de los hogares de su ciudad y estudia con esmero los contenidos que se vislumbran tras el plástico. Piensa –filosofía callejera, que le llama él –que observando lo que compra un individuo (o individua) puede uno llegar a saber qué tipo de persona es, si vive en pareja –si no –si tiene hijos –si no –si trabaja –si no –si es mileurista –si no –si tiene tiempo libre –si no –si utiliza lista de la compra –si no – …e infinitas posibilidades que da la bolsa de la compra de conocer realmente a su portador/a.

Después de terminar el estudio, en su casa y acompañado por alguna copa de whisky, realiza una tabla con porcentajes que calcula de cabeza y va poniendo, uno a uno, los treinta artículos más comprados por los hogares de la ciudad. Una vez terminado, analiza cada uno de los productos de la lista, comparándola con listas de la compra propias que ha ido almacenando durante un año. Comprueba que son las tres de la mañana. Solo descubre una divergencia –solo una –entre ambas listas. Triste y desolado se marcha a la cama, prometiéndose que mañana sin falta, aunque sea por converger con la media, comprará preservativos en el supermercado.

City Sounds II

lunes 31 de agosto de 2009

Os dejo hoy con una entrega más de City Sounds. Esta vez les toca el turno a Robert Smith y sugente, con el mítico Just like heaven, y a Jota y sus Planetas con la también archiconocida "Un buen día", dos grupos catalogados de oscuros, pero cuya música resulta de un buen rollo estremecedor...


Disfrutadlos:
"Show me how you do that trick
The one that makes me scream" she said
"The one that makes me laugh" she said
And threw her arms around my neck
"Show me how you do it
And I promise you I promise that
I'll run away with you
I'll run away with you"

Lugares comunes: hogares en construcción

miércoles 19 de agosto de 2009


Desde la azotea, un rebaño de grúas como velas en la tarta de cumpleaños de un septuagenario abuelo. Y debajo de cada una de ellas, un proyecto de edificio, esqueletos hormigonados de viviendas sin terminar, hogares sin alma ni tabiques. No hay ventanas, solo huecos. En algunos muros, yeso a medias, ladrillos y cemento en hileras horizontales que forman el coloso vertical… De cuando en cuando, y como único ápice de vida, latas de cerveza vacías por el suelo, colillas extremas de cigarrillos, un sombrero de paja. Cuando sopla, el viento pasa de largo.

El edificio Mirador[1] es uno de ellos. Pequeño, de sólo 12 viviendas, interrumpieron su cerramiento en la segunda planta. Las razones dan igual… quizá solo importen los efectos. Zona de expansión, avenidas grandes, plazas y jardines, buena comunicación con el centro de la ciudad. El anterior dueño del terreno no volverá a pasar hambre, ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos... Hoy, el edificio –o su promesa –espera paciente a tiempos mejores, derrotado por un coitus interruptus en el que nadie tenía ni idea de técnicas tántricas. Ahora: todos con dolor de huevos.

Durante el día se oyen los ecos de obras cercanas con mejor suerte. Golpes metálicos, maquinaria de estrépitos, voces con cascos. De noche el panorama es muy distinto. Casi todo es silencio y oscuridad. Nadie pasea aún por esas avenidas a medio hacer. De hacerlo, y prestando atención, podría observar cierto fulgor en las ventanas del 2º D. Un zigzagueo lumínico.

Roberto tiene treinta y cinco y un futuro incierto. Él y Alicia son padres de Luis, de 5 años, y de Alba, aún por venir. Hace apenas unos meses, la cuadrilla de Roberto terminaba el cerramiento de las dos primeras plantas del edificio. Ahora, despedidos, desahuciados y desesperados, se esconden a la luz de las velas para tener un techo. Mientras buscan la solución, compran en el Lidl, viajan en autobús y se imprimen Currículums en casa de algún amigo, como cualquier hijo de vecino. Calientan latas en una cocina de camping y consiguieron un colchón de matrimonio que alguien desechó. De manera inexplicable, han conseguido ocultar su situación a sus padres. Un transistor a pilas les mantiene informados de la última evolución del Euribor, el precio de la vivienda y el descenso de la firma de hipotecas. Sobreviven con la paga del INEM de Roberto, que acabará antes de que llegue Navidad.

Hace unos meses, él, como su antiguo jefe, también intentaba construir un hogar.


[1] Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Noche de tormentas

martes 11 de agosto de 2009

La luz de la cocina parpadea con la asiduidad de las películas de miedo. La encimera, el fregadero y tú aparecéis en flashes fugaces de un blanco interrumpido para volver al espacio a oscuras, nocturno. Amanecer es que tú abras el frigorífico y, con una sonrisa cruel, me pases una cerveza. Tu beso solo sabe a aproximación. De nuevo oscuridad.

La lavadora centrifuga mientras buscamos el trasluz de la ventana. Ese otro beso tuyo no ha llegado en son de paz. La luz continúa zigzagueando entre tú y mi cabeza, relampaguea el tubo de neón… abres la ventana.

Entonces descubrimos la triada perfecta: A lo lejos, más allá de la ciudad y sus electricidades, una tormenta se avecina con la pereza de lunes por la mañana, estalla en mil rayos, entre las nubes, ahogando de luz el cielo ceniza.

Por su lado, la cocina acoge una tormenta propia que surge desde el techo e inunda a destellos veloces cada rincón. Completa la triada circular nuestra tormenta propia, que inicias con tu beso-relámpago, ante el que yo no puedo más que doblegarme.

La tarde Genial

lunes 3 de agosto de 2009

Bajaba por el Bailío y buscaba la sombra por Alfaros para llegar a tiempo al Jazz. Al llegar, descubre una calle desierta y una puerta cerrada. Después de mucho tiempo de intentos infructuosos por ambas partes, hemos conseguido establecer un punto X y una hora H (distinta, afortunadamente, a las 17,30) para saldar la deuda pendiente de los años lejanos, de los telones bajados, los kilómetros recorridos y los post releídos. El segundo en discordia aún no ha llegado, ¿o sí?
En efecto, ha llegado pronto y, ante la negativa del Jazz por abrir esa tarde, ha decidido dar una vuelta para hacer tiempo. Aparece calle abajo y no se le ha ocurrido cambiar. Durante 7 años los abrazos han quedado escritos, ahora, en uno solo, se sellan todos.
Ante la traición de nuestra primera opción, la Corredera surge como alternativa, castiza donde las haya. Hacen falta 3 ó 4 cervezas para ponerse al día, dibujar un esquema mental del recorrido realizado por nuestra cuenta, hay tiempo para hablar de todo un poco: nuestras vidas, nuestras ciudades, las contradicciones y los sentimientos de pertenencia o no. En todo momento se echa en falta a la señorita del verso punzante, esa que años atrás nos bordaba a Yerma en una escena que siempre fue demasiado corta.
La conversación es fluida, tratamos de entender la situación mundial sin tan siquiera comprender la situación local. El caso es que en dos horas que se me hacen en exceso breves uno consigue darse cuenta de que gracias en parte a esta ciudad el contacto sigue ahí...
Decidimos iniciar un paseo lento, las palabras sigue fluyendo, y, sin darme cuenta, llegamos a la Ribera donde existe un banco para continuar saldando la deuda conversacional. Como broche final, por arte de magia, y sin necesidad de chistera, se saca un libro de la manga. Las páginas tienen el encanto del abuso de caricias y el color de los años en movimiento. Dentro me espera un Bukowski abierto de par en par. "Espero que lo disfrutes", me dice.
La despedida es alegre, porque sabemos que no pasarán otros siete años... y si pasan, dará igual.

Genio. Genio. Y Genio.

Ángela... la próxima vez, hazte un favor: concédete el deseo de venir.

Resumen vacacional

Mi hermano cumplió los 25 el mismo día de todos los años. La piscina ayuda a combatir el calor. Mi hermana voló por primera vez. A veces, un piloto puede pisar el acelerador y llegar antes de la hora prevista aún habiendo salido el vuelo con retraso... tantas prisas solo llevan a un aterrizaje algo brusco. El norte de Italia está lleno de italianos que conducen como locos y pequeños pueblecitos rodeados de colinas verdes. El lago Como está situado a 199 metros de altitud sobre el nivel del mar y tiene una superficie de 146 km². El Duomo de Milán es la cuarta catedral católica romana más grande del mundo, dentrás de la de Sevilla, la de San Pablo en Londres y la basílica de San Pedro en Roma. Verona es el culto no-del-todo-justificado a Romeo y Julieta. Ficciones es un gran libro al que habrá que volver. Venecia no huele mal. No tiene vida propia, pero es completamente distinta a cualquier ciudad, con ese encanto de las ciudades decadentes. Y repito, no huele mal. De vuelta a Córdoba el tiempo ha volado entre salidas nocturnas y horas en remojo con olor a cloro.
A destacar: Mi amigo genio y yo nos cobramos una deuda que teníamos pendiente (gracias, JG, por esas dos horas -tan breves- entre cañas y tertulia), en el corazón de esta ciudad, realizando actualizaciones automáticas de nuestro software personal, poniéndonos al día... después de tantos años sin vernos las caras... entre los madriles y las murcias hemos descubierto que la distancia no es tanta. (Gracias, también, por tu detalle Bukowskiano y cervecero). Todo ello merece una entrada que postearé a continuación.
En resumen, unas vacaciones combinadas con viaje maratoniano y días tranquilos de andar por casa.