McPoema

lunes 21 de diciembre de 2009

La belleza, en determinadas circunstancias,

puede encontrarse en la cola de un McDonalds,

ser morena, de pelo largo, vestir ropa de H&M

y pedir un McFlurry con topping de chocolate.


Eso pensó “Roberto – Encargado” cuando,

desde la atalaya de la caja registradora le dedicaba

su McSonrisa de conquistador con camisa de cuadros.


Al acabar su turno trató de encontrarla buscándola

por las tiendas del complejo de ocio, los multicines

y las dos plantas de parking cubierto-completo.


La belleza, en determinadas circunstancias,

aprovecha la inmensidad de los centros comerciales

para evadirse, difuminarse y perderse para siempre.

Previsor

miércoles 9 de diciembre de 2009


Siempre echo más ropa de la necesaria en la maleta para estos fines de semana.
Por si se nos ocurre quedarnos más días o para siempre.

Propósitos

jueves 3 de diciembre de 2009

Debemos cambiar mis ausencias perdidas por tiempos mejores,

las tardes laborales y vacías por explosiones en hora punta,

guisantes en la ensalada por atún en escabeche.

El porvenir es un castillo de naipes. No respires.

Boicoteemos el futuro escrito de los contratos indefinidos

y dediquémonos a la venta ambulante de sueños imposibles

o al absurdo placer de crear emociones.

Cualquier espacio en blanco es susceptible de hacernos volar low cost,

podríamos volver la cabeza, poner cara de asco, echarnos a reir.

Alguien debería luchar contra esta inercia irreversible y voraz,

pausar los tempos, ralentizar las pequeñas revoluciones,

pararnos a pensar en nuestros ombligos.

Apaguemos la luz, silencio. Soy capaz de cualquier cosa a oscuras,

y sé que tu corazón TDi puede renunciar al bajo consumo cualquier día

y reventarme de amor.

Demos el primer paso al vacío.

Nuestro triple salto mortal.

Checkpoint Charlie

lunes 9 de noviembre de 2009


Terminó de cenar rápido y salió a la calle. Se unió a la muchedumbre que avanzaba en dirección al tercer paso fronterizo del muro, donde los "vopos" miraban, sin entender nada, la incomprensible situación y trataban de contactar con sus superiores buscando explicación a aquel mar de personas que se agolpaban.


Entonces se le ocurrió pegarse al muro. Al otro lado todo era desconocido, pero a ciencia cierta mejor. Algunos empezaron a trepar por la pared, ayudándose entre ellos. Al alcanzar la cima, observaban la magnitud del hecho, se sentían protagonistas -por fin -de la historia que deseaban.

Sin encontrar gran oposición, la gente cruzaba el Checkpoint. Él decidió unirse a los de arriba, a los escaladores. Sin apenas esfuerzo, empujado por tres o cuatro manos que parecían miles, ascendió a la cumbre de hormigón. La visión era abrumadora.

Alguien empezó a golpear el muro con una maza enorme que hacía temblar el lugar en el que estaba detenido, disfrutando de aquella noche que guardaría para siempre en su memoria de momentos inolvidables. Un tipo con bigote le echó el brazo por encima del hombro y empezó a saltar a su lado. La fiesta contenida de la libertad. Muchos abajo seguían asestándole golpes rotundos a aquella mole de hormigón que empezaba a resquebrajarse. El muro, él lo sabe, no se cayó. Lo derribaron.

Al día siguiente, la ciudad era más grande y él despertó con resaca en un parque del otro lado del muro.

Hoy descubre que la memoria alcanza 20 años.

Pretéritos infuturibles (lamentablemente)

lunes 2 de noviembre de 2009

Se ha levantado a las 9 y, después de desayunar y de tomarse su colección de pastillas-para-estar-buena, ha hecho la cama en un "plisplás", se ha puesto el traje de falda y chaqueta azul –azul apagado, que le dice ella –se ha aplicado coloretes en las mejillas y se ha pintado los labios de color rojo-rojo. Muy rojos. Es el color que utiliza los días que se siente fenomenal.

En el ascensor, ha ido soltando sonrisas a los vecinos que iban montando en las distintas plantas conforme el aparato bajaba. No han hablado del tiempo. Tampoco de la crisis. Ni siquiera nadie ha preguntado por la salud de nadie. Todos callaban y ella simplemente sonreía.

Cuando ha salido a la calle, el cielo tenía un azul muy intenso –todo lo contrario que su traje –y ha pensado “pues hace un día estupendo”. Ha paseado por el parque despacito, pero aún así ha tenido que pararse a descansar dos veces. Ha hecho la compra, de la que previamente había confeccionado una lista:

Yogur soja

Espárragos blancos

Filete ternera

Jamón Llor

COVAP (semidesnatada)

Calabazin

Peras O ubas.

Estropago

Se lía, a veces, con las “bes-altas” y las “bes-bajas” y con muchas cosas más, pero le enorgullece entender su letra redonda, algo tosca y, en ocasiones, temblorosa.

El día ha seguido redondo cuando al pagar en Caja le ha tocado un vale con un 5% de descuento en productos de limpieza para la próxima compra. Loca de contenta, ha subido a casa, ha colocado cada cosa en su sitio, y ha vuelto a bajar a la calle.

Para rizarse el rizo se ha metido en la peluquería. Ha visto las fotos del Diez Minutos –el Príncipe cada día está más guapo, piensa –y ha escuchado la historia de una vecina a la que, precisamente, no se le ve “el pelo” desde que le tocó la lotería el verano pasado. Después se ha peinado y le han echado laca de la buena, para que le dure. Cuando ha salido eran ya las dos y media, no tenía la comida hecha pero le ha dado igual. Todas en la peluquería se han tragado su broma de que se ha echado un novio.

A su edad!

De vuelta, en el ascensor, aún se reía para adentro.

Las noches

jueves 15 de octubre de 2009


Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m.

En una calleja sin salida, alguien se acomoda entre cartones buscando el calor de una manta de cuadros ajada. Un gato maúlla. Más arriba, alguien cierra los ojos con los pies puestos en una cornisa, sopla el viento en la azotea. Tercer intento fallido. Hay aviones surcando a esas horas los cielos de las grandes ciudades. Algunos pasajeros duermen, otros toman whiskys con hielo y otros centran su atención en el cuello de la azafata. Al chico de la gasolinera le faltan cuatro palabras para completar el crucigrama. Se rinde. Una ambulancia de cruz roja atraviesa una avenida solitaria. Un tipo pega el último trago en una cafetería del extrarradio. El camarero pone las sillas sobre las mesas. Hay hadas vestidas de verde volando alrededor del letrero “Café Cinema”. Desde un balcón, con lágrimas en los ojos, una chica fuma un cigarrillo con la mirada puesta en el vértice ß de la W de Andrómeda. Un hombre y sus treinta y cinco años dan vueltas en la cama. Le pican los pies bajo la sábana. Su mujer duerme profundamente. J. desea que llegue el fin de semana de carretera y manta. Á, en su lucha constante con el insomnio y sus fantasmas, se mantiene aferrada a un poema a punto de nacer. JMG escribe a ordenador reflexiones sobre su último viaje a Italia. A MD le despierta un dolor repentino, respira hondo, baja las escaleras. E. por fin pega ojo después de un viernes trasnochado y un fin de semana con “el teléfono infernal”. En plena fase R.E.M. los párpados de P. vibran repetida y fugazmente mientras una sonrisa se dibuja en su boca. En su móvil, una llamada perdida. A 500 Km de la plenitud, el ciudadano B siente un pequeño escalofrío y busca refugio en la mujer que duerme a su lado. Lejos de allí, escondido entre visillos, un anciano de 84 años mira llover desde el balcón de su residencia. Hay estrellas cayendo a los charcos.

Es martes. Noche cerrada. 1:30 a.m. Reales y ficticios, dormidos o en vela, de cerca, de lejos, en toda la ciudad, todos, todos, todos: sueñan con la vida que quieren.

Mr. Ferreiro acompaña hoy a The Strokes... que ustedes lo disfruten.




jueves 24 de septiembre de 2009

Eres atractiva y casi nunca para mí. Como un billete de quinientos.

Volver, volver, volver...

miércoles 16 de septiembre de 2009

Vuelvo perezoso, haciéndole la contra a esta lluvia tan torrencial. Agradecido porque el agua siempre inspira y suaviza las cosas y renueva el aire y acompaña perfectamente a ciertos estados de ánimo. Vuelvo perezoso, digo, después de diez días duplicando, triplicando o haciendo aparentemente infinitas mis reservas de endorfinas. Generando bienestar propio, compartiendo inquietudes, tardes, noches y cubatas… La vida suele resultar perfecta cuando en un círculo de –digamos –ocho metros cuadrados lo tienes todo; o cuando dos amigos se prestan a hacer de jurado en casa propia para analizar alguna creación de uno mismo; o cuando un lunes por la noche, víspera de fiesta, quedas con el propósito de tomar unas cañas en plan tranquilo y acabas a las cinco de la mañana, más feliz que unas pascuas, casi cerrando los bares; o cuando paseas bajo una tormenta sin mojarte de la mano de tu pareja con la ciudad al fondo; o cuando cierras los ojos y escuchas voces cercanas de tiempos lejanos; o cuando compartes unos boquerones al limón y un par de flamenquines; o cuando sales una mañana con tu hermana y acabas a mediodía sentado en la Corredera; o cuando tus amigos comparten contigo sus planes de boda y no les cansa que te pases por su casa día sí-día también; o cuando todo son hamacas después de la cena y charlas y libros y qué fresquito; o cuando sueñas que te despiertas temprano, que vas a trabajar andando, que vuelves a sesear, que sales de trabajar, que llegas a tu casa y que sigues teniendo todo lo anterior… a perpetuidad y de forma instantánea, sin necesidad de autovías.

Diez días dan para mucho. Gracias a todos. Podría maldecíos por acostumbrarme a la vida que quiero, pero en vez de ello… optaré por subirme a la azotea y haceros este pequeño homenaje en este humilde blog.

Permiso para aterrizar (mañana)

jueves 3 de septiembre de 2009

Dame permiso para
aterrizar,
pero luego no me pases la factura
si me sobrevuela la necesidad.
Cuando ya no me quiera ninguna
Subiré a tu cama
pintaré una nube
en tu ventana.

Dame permiso para
aterrizar
si me canso de vivir en las alturas.
Dame ternura, dame velocidad
que
me
he
quedado a oscuras.

Lugares comunes: Los supermercados

miércoles 2 de septiembre de 2009

A Lucas le gustan las bolsas de plástico semitransparente de los supermercados del barrio. Esas que próximamente dejarán de existir por aquello de la lucha contra el cambio climático. Esas que dejan adivinar la compra de cada uno. Le gustan. A Lucas. Las bolsas de plástico semitransparente.

En sus horas matutinas y muertas, en la esquina de la avenida, ve cientos de personas cargando con ellas. Según un estudio realizado por él mismo en el pasado mes de Abril, el 87,50% eran amas de casa, un 8,25% hombres mayores de 50 y el 4,25% restante, jóvenes universitarios con mala cara. Como ya he dicho su estudio estadístico se realizó en horas de jornada matutina, hasta, aproximadamente, las 2-2 y media y siempre durante el ejercicio de su actividad laboral como vendedor de cupones de esquina, silla de pescar y voz semideseagradable que utiliza para tentar a todo el que pase por su “¿…y si toca?!”

Lucas tiene 50 años, no-sé-qué-músculo de la pierna atrofiado, 2 hijos (Domingo y Antonio), una mujer que le dejó viudo demasiado pronto y 3 gatos (Tom, López y Antuán, así, tal cual). Además, podría decirse que tiene, además de su labor como “repartidor de suerte” –que le llama él –la de estadístico callejero de balde. Así, cada mes se propone un estudio a realizar entre los viandantes que pasan por su esquina.

Aprovechando los últimos días en la vida de las alucinantes bolsas de plástico semitransparente, Lucas se ha propuesto hacer una “Lista de la compra media” de los hogares de su ciudad y estudia con esmero los contenidos que se vislumbran tras el plástico. Piensa –filosofía callejera, que le llama él –que observando lo que compra un individuo (o individua) puede uno llegar a saber qué tipo de persona es, si vive en pareja –si no –si tiene hijos –si no –si trabaja –si no –si es mileurista –si no –si tiene tiempo libre –si no –si utiliza lista de la compra –si no – …e infinitas posibilidades que da la bolsa de la compra de conocer realmente a su portador/a.

Después de terminar el estudio, en su casa y acompañado por alguna copa de whisky, realiza una tabla con porcentajes que calcula de cabeza y va poniendo, uno a uno, los treinta artículos más comprados por los hogares de la ciudad. Una vez terminado, analiza cada uno de los productos de la lista, comparándola con listas de la compra propias que ha ido almacenando durante un año. Comprueba que son las tres de la mañana. Solo descubre una divergencia –solo una –entre ambas listas. Triste y desolado se marcha a la cama, prometiéndose que mañana sin falta, aunque sea por converger con la media, comprará preservativos en el supermercado.