martes, 2 de agosto de 2016

Segundo inventario de pérdidas


Nuestra historia
no dista mucho de la vuestra.
Incluso se diría idéntica.
Primero, perdimos la vergüenza,
el miedo, la distancia,
el pudor y la inocencia.
Después le tocó el turno a la razón,
el norte, la noción del tiempo,
la sensación de vértigo
en los labios.

Fue más tarde,
poco más tarde,
cuando perdimos el rumbo,
el fuego, las llaves secretas,
nuestras contraseñas.
Hasta la educación.

Por perder
nos perdimos el respeto.
Desde ese momento fuimos
perdiendo altura
y con la altura perdimos
el miedo a caer.
Le perdimos la partida
a la inercia y sus náuseas,
perdimos el tiempo,
en definitiva: la batalla.

Nos perdimos.

Nuestra historia, insisto,
no dista mucho de la vuestra.
Somos, en esencia,
perdedores natos
de cosas importantes.

sábado, 16 de julio de 2016

No me hagas suplicarte

No pido que me quieras para siempre. Yo solo quiero salir al balcón y ver tus bragas en mi tendedero, o salir solo a sacar la basura impulsado por tu agilidad en el uso del plural mayestático, o acabar enfadados porque he montado mal, por segunda vez consecutiva, ese maldito mueble de ikea. No pido que me quieras para siempre. Solo pretendo que me corrijas cada semana la lista de la compra, que la conquista de la esquina del sofá nos suponga una crisis diplomática después de la cena, mirarte por encima del libro de las buenas noches cómo te deshaces del vaquero. Saber de ti en las siestas del otoño por tus ruidos de pinceles y vidrio y por tu tarareo de un Creep amortiguado por el ventilador de la canícula. No pido que me quieras para siempre. Pido que me mires y todo sean razones para seguir, que sigas existiendo aquí y así, cotidiana y fresca, como esta habitación los sábados, cuando te despiertas y abres las ventanas y yo alcanzo a decir "es sábado, vuélvete a la cama. No me hagas suplicarte."



domingo, 12 de junio de 2016

Hogueras (poética)

Foto de Carlos V. Ho Diéguez,extraída de http://www.perroviajante.com/

Así como cada hoguera quema
la historia del árbol
que arde dentro,
cada poema cuenta
la historia de mi incendio
en cada verso, el proceso
de mi transformación
en cenizas.

Soy
dolor incandescente,
férvida llama sin respuesta,
víspera del humo,
fútil futuro.

domingo, 20 de marzo de 2016

Instrucciones para vencer el tedio

Buscar caras fantasmales en el gotelé.
Hurgar las costras de mis heridas
y que broten poemas.

Quemar mis fotografías contigo y feliz.
Inventar infiernos e imaginarte dentro.

No llamar a los bomberos.


*Poema recientemente publicado en el Fanzine nº0 Hijos del Aburrimiento

sábado, 27 de febrero de 2016

Una farola de luz intermitente

Anoche se presentó en Murcia el fanzine de literatura e inquietudes varias MANIFIESTO AZUL en el que el Colectivo Iletrados volvió a contar con uno de mis poemas para ocupar sus páginas. No solo agradecerles por hacerme un hueco en su ya veterana publicación (llevan 16 números en casi 11 años), sino también felicitarles a los miembros del colectivo por lo que hacen por la cultura en general y la literatura en particular en esta ciudad.

Aquí os comparto el poema "Una farola de luz intermitente", que podéis encontrar en el fanzine electrónico que también os adjunto, para que podáis degustarlo y disfrutarlo de principio a fin.



Imagen extraída de http://eljuegodelataba.blogspot.com.es/
Una farola de luz intermitente
                                                    
                                                    “Mirar farolas es amor también”.
                                                                  El Terror, Manuel Vilas.

Parpadea
en un gesto nervioso,
-terrorífico, podría decirse-
que oculta la realidad
y la enseña
sin pudor
a intervalos fugaces.
Tiene la bombilla floja,
quizá
a punto de fundirse.

Es como tú,
cuando me cansé
de verte iluminada
a intervalos fugaces
y tu luz se volvió inquietante
-terrorífica, podría decirse-.
Tú también tenías algo flojo.
O suelto.
Y todo acabó por fundirse
a negro.



miércoles, 24 de febrero de 2016

Manifiesto Azul 16


Si os digo que la noche del viernes tenemos fiesta, os gusta. Os digo que se presenta el fanzine Manifiesto Azul (#16) y también os gusta. Os digo que habrá música; ahora os gusta más. Os digo que habrá cervezas y entonces os ponéis como locos.
Y una vez que habéis anotado en vuestras agendas la fecha (viernes, 26 de febrero), la hora (22h.) y el lugar (Café de Ficciones, Murcia), ya no podéis echaros atrás por mucho que os diga que los amigos del Colectivo Iletrados han vuelto a contar con uno de mis poemas para incluirlo en su ya veterano Manifiesto.
Hablaré de farolas.
Dice Manuel Vilas que "mirar farolas es amor también".
Y sí, yo también os quiero. Mucho.

jueves, 11 de febrero de 2016

Habitación de hotel



  "Queda también silencio entre nosotros, 
silencio                
              y este beso igual que un largo túnel".
(Jaime Gil de Biedma) 

 
Adorabas aquel cuadro de Hopper. En el Thyssen, con él delante, enumerabas los rasgos fundamentales de la obra del pintor americano [juego de luces y sombras, paisajes interiores, soledad]. Lo habías leído en la Wikipedia. Recuerdo que te quedaste mirándolo durante largo rato, completamente absorta y en silencio. Recuerdo que me quedé mirándote durante largo rato, completamente absorto y en silencio. Yo miraba a una chica que miraba a otra chica que miraba a una carta que había escrito alguien que ahora seguramente miraba para otro lado. Y todo ello en silencio. Todos los cuadros de Hopper –tú lo decías, lo habías leído en la Wikipedia –suceden en silencio. Ahora caigo en la cuenta de que sus obras representan nuestra historia. Nuestra historia. Esta que acaba arruinada entre tu descuidado fulgor y mi permanente penumbra [juego de luces y sombras, game over], la historia que determinará durante mucho tiempo este dolor de alma, un laberinto de arteria ulnar equivocado en mi dedo meñique [paisajes interiores, versos mustios de otoño]. Nuestra 
historia. La que acaba contigo leyendo esto, sentada en una cama que ya no nos recordará nunca [soledad, Habitación de hotel]; la que acaba conmigo en un bar de madrugada reconociendo lo cobarde que soy, [soledad, Nighthawks] incapaz de decir adiós si no es por escrito, si no es con el sigilo de una hoja de papel que demuestra que de tanto callar he perdido las ganas de hablar [todos los cuadros de Hopper suceden en silencio]. Y ahora sí: Ahora, adiós.

 


martes, 2 de febrero de 2016

El problema del Milenio/ El valor de las cosas sin valor


Se trata de mirar al mar
y ser consciente de estar
frente a un problema no resuelto.
La forma en la que llegan las olas,
la cadencia de su vaivén, el movimiento
de cada partícula de agua
que compone el piélago…

Resolver todo ello
vale un millón de dólares.

Para ti también eran las olas
un problema no resuelto.
Se te llenaba la boca de mar
mientras conjugabas
el verbo huir, balbuceabas
la palabra esperanza,
tal vez un ojalá...

Gritar pidiendo ayuda
no valía la pena.

Se trata de mirar al mar
y ser consciente de estar
frente a un problema no resuelto,
y no por las olas ni su movimiento.
La ecuación tampoco consiste
en repartirnos los vivos,
ni llorar por los muertos.

Se trata de mirar al mar
y que no valga un millón de vidas.


domingo, 13 de diciembre de 2015

La volea de Zidane

                                            

                                 A J.C. Carazo

Te esperaré llegar.
Como caída del cielo,
acomodaré mi cuerpo
a tu impacto.

Solo quiero ponerte ahí,
donde te sueño,
donde te mereces.

Y así, en la soledad
de una ovación,
sentirnos grandes.

Esta noche soñaré contigo.
Serás el gol de mi vida.
Europa será nuestra.


jueves, 29 de octubre de 2015

En noches como esta

"Noche Maga" ©Sara Moyano http://saramoyanoreina.blogspot.com.es/

Hace unos años le regalé a una amiga dos reproducciones de dos obras de la artista cordobesa Sara Moyano entre las que se encontraba "Noche Maga". Las pasadas Navidades, mis padres, que sabían en todo momento que quedé prendado de las obras, me regalaron a mí el mismo par con el que yo había obsequiado a esa amiga. Ahora lucen de maravilla en mi habitación y me permiten ver cada noche y cada mañana, como si de una ventana más se trataran, la ciudad de la que vengo, hoy a 500 kilómetros.
Sucede que hace unos meses, observando el cuadro, me asaltó un recuerdo:

Es de noche y vuelves de una de noche de copas en compañía de los amigos de siempre, después de mucho tiempo tratando de reunirlos en tus recurrentes retornos a Córdoba. Te acompañan, camino del coche de vuelta a casa, y tienes una epifanía. El alcohol, la felicidad, la noche o tu ciudad encienden una luz que normalmente está apagada y lo ves claro: es un momento de esos para recordar. Y te vuelves a ellos para hacérselo ver, para mostrarles el valor de esa noche, el hecho de estar allí, cruzando ese puente, después de tantos años tejiendo otros tantos puentes para seguir unidos al cabo de la noche y sus cervezas y sus historias. Justo ahí, en mitad del puente, os detenéis para volveros a mirar la ciudad y ser conscientes de todo. A mitad de camino estáis: Entre las copas de antes y el camino a casa en coche, entre la ribera cálida y la orilla fría, entre las luces y las sombras, entre las complicidades y las despedidas. Córdoba siempre es cruel cuando todo son dosis breves, pero qué necesario es mirar atrás, tomar distancia y valorar los años y las compañías.
Después, lo recuerdas, llegarías a casa, y casi en duermevela, garabateaste en la libreta un par de líneas que meses más tarde se convertirían en este poema:




En noches como esta
                                           A ellos saben quién.


Quiero quedarme a vivir
en noches como esta.
Cenar mirando al río y a tus ojos,
observar mi sonrisa en la vuestra,
compartir vino y recuerdos
y risas y deseos de seguir aquí,
acurrucados entre todos,
al pie del tiempo y la distancia.

Quiero quedarme a vivir
en esta noche que ya es nuestra.
Tomar unos gintonics al amparo
de los 30º de esta madrugada
y una banda sonora original,
con las mejores vistas del mundo
y rememorar tantas otras noches
ahora ya no tan cotidianas.

Después, buscar el coche
cruzando el río y hacer un alto,
en mitad del puente,
para mirar atrás y observar
la ciudad en negro y noche,
algún neón, 
la cal,
la arena,
y ser 
conscientes de ese momento,
-hacerlo eterno,
o al menos, trascendente-
de ese estar allí, en ese ahora,
recogiendo lo que queda 
de nosotros,
de esa noche, 
de tantas noches,
de nuestra noche.

Quiero quedarme a vivir
en noches como esta:
Emborracharme 
como antes,
con vosotros, 
sin contemplaciones.