miércoles, 20 de agosto de 2008

Oxígeno

Respirar oxígeno, ganar oxígeno, coger oxígeno. Pasan estos días de agosto, vacacionales, vagos, como las horas de un sueño del que no quieres despertar. Desocupado, con tiempo ocioso, todo parece suspendido en el aire, mantenido por una fuerza mágica estival, flotando como asteroides en el universo increíble de los días de agosto. Nada importa excepto uno mismo. Trato de dar descanso a mi mente y no, no lo consigo: es justo en este tiempo de asueto y descanso cuando mi mente se revela, afortunadamente, dedicándose a dar vueltas y vueltas, volando, maquinando, tratando de sacar algo que merezca la pena.
Lejos queda aún el tedio laboral, pese a no quedar tanto. Me obligo a no pensar en lo poco que nos resta... Camino por las calles y la gente pasea igual, dejando a un lado las preocupaciones de oficina, teléfonos móviles, relojes de pulsera... todos parecen algo más bronceados, pausados y felices. Cuesta tan poco acostumbrarse a lo bueno! Y es tan agradable volver, aunque sea sólo por unos días, a esa vida que quedó atrás, a esa ciudad que, sólo en estos ratos, deja de estar deshabitada para convertirse en un ir y venir de gente. Es una sensación tremenda hacer con normalidad visitas a casa de esos amigos que acaban de mudarse, quedar para tomar unas cervezas o encontrarte con algunos por sorpresa, paseando por esas calles que siempre te quieren ahí.
Trato de respirar, prepararme para la vuelta al trabajo, coger oxígeno, llenar los pulmones... la vuelta siempre es dura.
Apuro los últimos días, alargándolos, intentando ver a los amigos, a todos, compartir unas cervezas, trazar los nuevos proyectos, (¿para cuándo esa reunión?), y no dejarme nada sin hacer... que después miro atrás y veo que, a pesar de haberlos disfrutado, los días pasan rápido, y no sé si es que era poco tiempo o muchas cosas para hacer.

Respirar... que aún me queda año por delante...

Oxígeno... oxígeno... oxígeno.

A.B.