miércoles, 2 de abril de 2008

Miércoles a las 10 (3)

Hoy solo dos cosas... bueno, 3:

La primera: Enhorabuena a todos por haber hecho que esto funcione. Estoy sorprendido por la multitudinaria respuesta que tuvo la segunda convocatoria de esta iniciativa, así que gracias a todos por vuestra participación, y ahora... ¡que no decaiga!

La segun: El primero que llegue que deje la frase de la semana para dar comienzo a los mini-relatos de la semana. Queda abierto el plazo! Si mañana noche nadie ha dicho nada tendré que ponerlo yo mismo.

La tercera: Estoy cansado, el día ha sido duro, por eso hoy, lo siento, no puedo enrollarme más. Total, para decir alguna chorrada más... Simplemente os dejo con un vídeo que podeis ver pinchando aquí. Hoy estoy "un poco" en la Luna.

A.B.

3 comentarios:

AngiePython dijo...

"Dios, no tengo remedio, siempre en mitad de un duelo ajeno... Esta vez sí que vienen a por mi"

Ayer me fue imposible participar en tu relato (lo peor es que lo había dejado escrito en el curro), me resarciré en las próximas semanas.

Aprendiz de L.L.

Anónimo dijo...

una cosilla me imagino que la gente, que suele visitar este blog y se a ciencia cierta que sobre todo su creador es de los que sabe apreciar la música de Ivan ferreiro, pues bien comunico que hasta ahora hay 5 personas que ya tienen comprada la entrada para el concierto del día 19 en Córdoba, así que animaos u nos juntamos todos allí como en los viejos tiempos. quien no tiene valor!!!
Daramonae

Álvaro dijo...

Dios, no tengo remedio, siempre en mitad de un duelo ajeno... Esta vez sí que vienen a por mí. Incapaz de hablar y conocedor de mí destino, pienso para mí, resignado. Junto a mí, ocho o nueve hermanos del mismo color, obligados a guardar orden en las filas asignadas por aquel barbilampiño treintañero. Primero había sido la calma que precede al vendaval, más tarde el rumor incesante de la muchedumbre a lo lejos. Después el temblor, la aproximación imparable a la devastación. En un segundo, el imberbe joven desapareció en las fauces de las hordas destructivas que habían alcanzado su situación. Y entonces llegaron a nosotros. Dos de ellas me agarraron por mis extremos, tratando de capturarme o, tal vez, destruirme. Ya no eran aliadas entre sí, sino completas adversarias, y se batían en duelo por mí. Como en todo combate, hubo una ganadora. Emocionante es el primer día de rebajas para un suéter negro, talla 36.