martes, 19 de agosto de 2014

La décima de segundo (cuatro años después)


Existirá siempre aquella décima de segundo
que marcó el antes y el después.
La incluiremos en nuestra colección
de puntos de inflexión determinantes,
porque será imposible engañarnos
y hacer como si jamás hubiera sucedido.
Habrá que convivir con ese perder la inocencia,
ese revés invisible, ese estrellarse contra el sueño
y despertarse de golpe,
ese sentir el miedo de cerca.

Ya para siempre existirá el pequeño decimal
que separa la vida sin conciencia de peligro
y aquella repleta de fantasmas y huracanes,
aquel instante que nos convirtió
en valientes a la fuerza,
héroes de poca monta
abocados a la guerra sin cuartel.
Un instante de lágrimas en tu móvil
y náuseas en mis nudos de garganta.

Existirá siempre aquella décima de segundo,
que, grabada a fuego, muy adentro, nos recordará
que esta cuerda floja nos mantiene en equilibrio
de forma temporal y caprichosa,
que somos estrellas fugaces, Perseidas tal vez,
partículas infinitesimales en desvanecimiento,
que todo es tránsito, riesgo, azar, caos,
que incluso este poema de versos tristes
tiene también fecha de caducidad [desconocida].