martes, 8 de abril de 2014

Primavera

Aún no han colgado de los naranjos el azahar,
ni de los balcones la primavera,
y el esplendor de Marzo todavía remolonea
en las penumbras y las esperas.
Se nos acumulan las necesidades
de sonrisas y flores, la astenia
nos ataca sin piedad
bajo los párpados y las pituitarias
y salimos a las aceras y las plazas
en busca del antídoto efectivo
que nos haga olvidar las tristezas.

Añoran los naranjos la flor y su perfume,
el bullicio de las terrazas y las sombrillas,
las tardes que se prolongan más allá
de los cafés, el río, y las ganas de cenar.
La gente se arremolina expectante, ilusionada,
cuchichean entre ellos, nerviosos,
con sonrisas y estrellas en los ojos.
Saben que el milagro puede suceder
en cualquier momento, que sería trágico
parpadear y perderse
la primaveral explosión de la ciudad en flor.