lunes, 27 de enero de 2014

2013: Las alegrías y la inconstancia.

Después de todo, retomo la actividad. Después de un gran 2013 particular, pese a ese 2013 general, vuelvo a estas calles, estas líneas, la ciudad interior. Porque se necesita. Este cualquiera con alma de flâneur precisa volver, sacar tiempo, recuperar las rutinas perdidas de posts y tweets y notas de moleskine, entrelazar palabras y versos, desnudarse [de vez en cuando] y salir a esta intemperie.

Todo tenía que encajar. Si el 2012 fue el año del Gótico, el 2013 tenía que ser el del Renacimiento.

Hoy, más de 20 días después de finalizarlo, podría resumirlo en un año pródigo en caricias y felicidades [tengo mala memoria para retener los momentos malos, léase "memoria selectiva"]. Felicidades que se acumularon casi todas en la segunda mitad del año. Sin duda 2013 quedará en el recuerdo como el año del viaje a Barcelona, de mis versos en público, del verano tranquilo. Pero sobre todas las cosas, quedará 2013 como el año de la alegría, el año en que me cambió la vida [de nuevo, pero de otra forma], el año en que cumplí varios sueños y uno de ellos, el más grande, lleva también mi nombre. Cuatro meses después de ver ese sueño cumplido trato de retomar la actividad. Después de crear nuevos hábitos, de destruir los husos y usos horarios, de adquirir nuevas responsabilidades, de reestructurar mi tiempo, de modificar rotundamente mis ejes de coordenadas, intento retomar la actividad.

Pido disculpas de antemano por mi inconstacia.

Entre los deseos para este año, podría citar alguno. Me contentaría con:

- Recuperar el ritmo, desatascar el engranaje: escribir: crear.
- Disfrutar de la gente a la que quiero.
- Ser la mitad de buen padre de lo que son conmigo los míos.

Saludos. Espero volver pronto.