viernes, 15 de octubre de 2010

Lugares comunes: las plazas.


A veces, mira para atrás y ve una plaza con bancos en un barrio de la periferia, donde un día contuvo la respiración más segundos de la cuenta. Era su técnica infalible para ver pasar los trenes, para no confundir señales, para no equivocar los gestos: contener la respiración.
Mira atrás. La plaza. Un banco. Ella.
La vida –piensa –normalmente la marcan los grandes momentos –el primer diente, el primer amor, el primer suspenso, la graduación, aquellas vacaciones, el primer hijo… –sin embargo, pasamos de largo pequeños momentos que también nos marcan. Son breves instantes, apenas segundos, en los que se fraguan, quizá, decisiones, grandes y pequeñas, que influirán mucho o poco en el resto de nuestra vida.
Esos segundos él los pasaba aguantando la respiración –se pregunta qué sería ahora de él de haber tomado aquellos trenes en vez de perderlos. –Por eso, a veces, mira atrás y ve una plaza con bancos en un barrio de la periferia, y es consciente de que allí frente a ella, casi en actitud autoprotectora, tal vez algo miedosa, quizá prudente o en exceso racional, contuvo la respiración durante unos segundos. Los segundos precisos para dejar pasar un tren, o quizás para no equivocar los gestos, o quizás, simplemente, para recordar siempre aquella plaza como la plaza de la respiración contenida, del pecho en un puño, de las oportunidades perdidas.
Mira atrás y ve la plaza. Recuerda algún silencio prolongado entre ellos, miradas huidizas, la respiración contenida para mantener la amistad inquebrantable. Recuerda que se levantó y soltó el aire cálido que había escondido durante segundos en lo más profundo de sus pulmones, en el alvéolo más recóndito. Aún sentada, ella sonreía.
Y su sonrisa seguía siendo la misma y nada había cambiado.
O lo que es lo mismo: un nuevo tren se perdía a lo lejos.

3 comentarios:

Shiwa dijo...

Por eso dicen que en esta vida nos arrepentimos más de las cosas que no nos atrevímos a probar, que de las veces que fracasamos en el intento.
Por que si pierdes el tren, que sepas que por lo menos intentaste correr para subir en él, no?

Un saludo!

Ciudadano B dijo...

Es una de las lecturas que podrían sacarse de estas líneas.

Gracias por tu comentario, Shiwa. Me siento tan... ah, ah, ah.

Charlie Brown dijo...

Esté el tren cerca o lejos, creo que la virtud está en verlo siempre desde el mismo banco de la plaza y verlo perderse o llegar con una sonrisa en la boca. Bonita entrada